domingo, 21 de febrero de 2010

Fui examinado, confrontado, quebrantado y derramado (breve testimonio)


Mi nombre es Ginés y he estado manteniendo este blog durante casi un año. Quiero compartir con vosotros algo que Dios ha hecho en mi vida. Espero sea de bendición y edificación.
Para gloria de Dios, escuché una predicación de Paul Washer llamada "examínate a tí mismo", unos dias después leí que esta fue usada por el Señor para mostrarse a Charo, esposa de Paul Washer y salvarla preciosamente. Dios me había estado golpeando los dos últimos años de varias formas, pero El permitió que esa noche en el mes de Octubre de 2009, yo escuchara esta predicación, que exponía tan claramente la palabra del Señor en 1ª de Juan, que me examinó totalmente y esta empezó una transformación profunda en mi vida. Antes de contar lo que me sucedió, quiero contar un poco de mí.

Nací en una familia cristiana, crecí con el buen ejemplo de mi padre y la sujección en amor de mi madre. Fueron un matrimonio ejemplar hasta el día que mi padre dejó esta tierra. El era un hombre que amaba a Dios, piadoso y temeroso de El. Siempre fue de ejemplo para mi y doy gracias a Dios por los 15 años que pudo estar a mi lado.
Asi, he permanecido en la congregación hasta hoy que tengo 31 años. En 1997, me uní en matrimonio con Susana, mi querida esposa y Dios me ha dado a Ana e Itai, mis preciosos hijos. He sido muy bendecido por el Señor y le doy gracias por ello. Pero miro atrás y hemos pasado verdaderas tempestades, noches del alma, peligros reales por mi mal obrar y por un corazón no regenerado, que no había entregado por entero a Cristo (yo pensaba que todo era normal). Aunque hoy sé que todo lo ha permitido el Señor para bien. Siento que todo lo pasado, todo lo aprendido, todo el proceso que he vivido pareciera que me llevó a esa noche, a esa predicación y a esos textos en 1ª de Juan.
Como casi cada noche me pusé delante de mi portatil para buscar material de sana doctrina con el que llenar las páginas de mi blog y a buscar videos que me edificaran. Aunque he de confesar que no siempre buscaba videos edificantes, estar ocioso en internet es una ruina. Pero ese día Dios tuvo misericordia de mi y encontré no se como la predicación "Examínate a ti mismo, de Paul Washer". Ya conocía otros muchos materiales del hermano como "Por el camino angosto" y realmente me retaba, ya llevaba más de un año sabiendo lo que es verdadero evangelio e identificando el pseudoevangelio que está floreciendo por todas partes. Pero ahora estaba sentado en la silla, delante de la pantalla, esperando edificarme con otro sermón de mi querido Paul. No imaginaba lo que vendría después, a decir verdad, no tenía ni la menor idea.

Fui confrontado, la estructura religiosa que sostenía mi débil "vida espiritual" se desmoronó y yo con ella. Cayó hecha pedazos al suelo mi "seguridad de salvación", los apoyos y columnas que yo había levantado durante muchos años de estar en mi congragación se deshicieron como la neblina. Me vi a mi mismo como un espejo, claro y transparente y no me gustó lo que ví. Sentí un gran pesar, quedé desnudo e impresionado por mi nueva percepción, casi sin aliento y muy triste me di cuenta de cuán lejos estaba de Dios y cuánto pecado había en mi. Esto fué de madrugada.
En silencio y con gran pesar en mi corazón, meditando en todo lo que había escuchado y leído en la palabra, me fui a dormir.
El pecado que me asediaba desapareció de la noche a la mañana, años de lucha carnal e infructifera en mis fuerzas contra el pecado, terminaron en ese día. La noche anterior, escuchando la predicación, me hallé falto, lejano y extranjero del reino de Dios.

No hubo grandes llantos, ni me emocioné escuchando una canción, no ví ninguna luz (aunque amaneció Su luz en mí), ni sentí un poder sobrenatural, ni escuche Su voz audible.
Pero fui confrontado, quebrantado en mi corazón, derramado a Sus pies, se rompió el frasco y la esencia fué derramada (Mt 26:7), el espíritu sopló de los cuatro vientos y reviví(Ez 37:9-10), quitando mi corazón de piedra y dandome uno de carne(Ez 36:26), me roció con su bendita sangre y su gracia me inundó(1ª de Pedro 1:2). Acabó la lucha en mis fuerzas y sentí morir las pasiones carnales que me habían estado azotando. Entendí bien que ahora el luchaba conmigo y ya no estaba solo.

Gloria a Dios, quiero servirle, darle mi vida por entero y hacer Su voluntad en los años que El me tenga en esta tierra. He entendido que no hay nada que merezca la pena para mi en este mundo, no hay éxito ni triunfo material ni personal, si no que mi "éxito y mi triunfo" llegarán el día que El me llame a su presencia y allí contemplaré su hermosura. (Filipenses 3:8)

Anhelo Su regreso, amo ese día, mientras tanto, quiero servirle, no estar ocioso, desperdiciando mi vida, sino darle mi tiempo y mi vida por entero y que El me use para traer al redil a Sus escogidos.

Dios siga bendiciendo y usando para Su gloria a la familia Washer. Oro al Señor que aumente su fé y los sostenga en el día de la prueba.

Nota: Este blog termina aqui, ya hay mucha denuncia, mucha gente que sabe ver y discernir lo que es y lo que no es, muchos blogs, libros, predicaciones y de todo, asi que quiero ocuparme de las cosas que verdaderamente alimenten el corazón y edifiquen las vidas, el agua viva que brota de las fuentes de Dios en su palabra, dónde están las cosas sublimes, espirituales y eternas que como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, esperan como el rocio en la mañana nuestros ansiosos corazones. Humillémonos delante de Dios pidiendo fervientemente avivamiento (Habacuc 3:2) y hagamos nuestro el consejo del apóstol Pablo a Timoteo (1ª Tim. 4:16), ten cuidado de la doctrina y de ti mismo. Sigamos esforzándonos por la defensa de la fe, pero también pidamos que Dios ponga en nosotros un corazón de carne (Ezequiel 36:25-27), no sea que en nuestro afán de velar por la rectitud (no podemos dejar de hacer esto), vayamos endureciéndonos y olvidando que debemos buscar del trono de la gracia cada día y del poder del Espíritu Santo para ser instrumentos útiles en sus manos.

sábado, 20 de febrero de 2010

Acerca de todo el ataque moderno contra la doctrina de la redención expiatoria, Lewis S. Chafer


En el intento de hacer realidad el concepto del amor indiscriminado e indiscriminador, como hecho básico de la religión, toda la enseñanza bíblica acerca de la redención ha sido despiadadamente hecha pedazos. Si Dios es amor y nada más que amor, ¿que necesidad posible cabe de una redención? Ciertamente, un tal Dios no puede necesitar ser aplacado. ¿No es El el Padre total y de todos? ¿No está suspirando por Sus hijos con un anhelo incondicional que excluye todo pensamiento de "obstáculos al perdón"? ¿Que otra cosa quiere El sino precisamente a sus hijos?. Nuestros modernos teorizantes no se cansan nunca de cantarnos más y más variaciones sobre este solo tema fundamental: Dios no necesita ser movido a perdonar, o ser capacitado para perdonar, o incluso a perdonar sin lesión de sus atributos; toda la dificultad, segun ellos, está en inducir a los hombres a que se dispongan a ser perdonados, Dios está continuamente extendiendo desde los cielos sus brazos anhelantes hacia los hombres; es absurdo, se nos dice, perverso y hasta terrible blasfemia, el hablar de propiciar a un Dios como este, reconciliarle, de ofrecerle una satisfacción; el amor no necesita que le satisfagan, que le reconcilien, que le propicien; no, no tiene nada que ver con tales cosas, por su propia naturaleza fluye gratuito, espontáneo, instintiva e incondicionalmente, hacia su objetivo, ¡y Dios es amor!.Bien, ciertamente, Dios es amor, y le alabamos por poder repetirnos a nosotros mismos esta gloriosa verdad guiados por una autoridad mejor que el apasionado aserto de esta especie de toscos teorizantes. ¡Dios es amor! pero de ahí no se sigue en manera alguna que solo sea amor. Dios es amor, pero el amor no es Dios y, por tanto, el término "amor" ha de resultar siempre inadecuado para expresar a Dios. Que Dios es Amor puede ser -y para nosotros pecadores, perdidos en nuestro pecado y miseria si no fuera por ello, debe ser-la revelación cimera del cristianismo. Pero no es de la revelación cristiana de donde hemos aprendido a pensar en Dios como en alguien que no es otra cosa que amor. No cabe duda de que Dios es Padre de todos los hombres en cierto sentido verdadero e importante. Pero esta expresión "Todo-Padre" no la hemos captado de los labios de ningún profeta hebreo ni de ningún apostol cristiano. Y el indiscriminado "benevolentismo" que ha cautivado a tantos pensadores religiosos de nuestro tiempo, no es un concepto genuino del Cristianismo, sino de importación tipicamente pagana. Cuando uno lee las páginas de la literatura religiosa popular, rebosante de inconsideradas afirmaciones acerca de la universal Paternidad de Dios, tiene una extraña sensación de ser retrotraido a l atmósfera del, por decirlo asi, decadente paganismo de los siglos cuarto y quinto, cuando los dioses llegaban a su ocaso, y a quienes se aferraban resignadamente a los viejos modos les quedaba muy poco más que un amargado sentido de la "benignitas numinis", ¡cuan salpicadas estan las páginas de aquellos geniales paganos antiguos con tal expresión; cuán empapados están sus cohibidos sentimientos, en la convicción de que la amable Deidad que habita en las alturas seguramente no será dura con los hombres que se afanan aqui abajo! ¡cuán espantados quedan de la severa justicia del Dios de los cristianos, que aparece ante sus asustados ojos como ante los del moderno poeta que no ve a Dios sino como "el duro Dios que habitó en Jerusalen"! Seguramente que la Gran Divinidad es demasiado buena como para fijarse en los pecadillos del pobre hombre encanijado; seguramente que Dios los mira con divertida compasión más bien que con fiera reprobáción; estan convencidos, ante todo, de que su Hacedor "es buena persona y todo irá bien".No puede menos que surgir en nuestras mentes la pregunta de si nuestro moderno indiscriminado "benevolentismo" va más lejos que todo esto. ¿Significa toda esta proclamación unilateral de la Paternidad universal de Dios mucho mas que la benignitas numinis de los paganos?; cuando tomamos en nuestros labios estas benditas palabras "Dios es amor", ¿estamos seguros de expresar mucho más que nuestra repugnancia a creer que Dios va a pedir seriamente cuentas al hombre por su pecado?, en una palabra, ¿estamos en estos tiempos modernos, anhelando remontarnos a una captación más adecuada de la verdad trascendente de que Dios es amor, tanto como protestando apasionadamente contra la idea de vernos tiznados y tratados como pecadores merecedores de ira?.Con toda seguridad, es imposible atribuir ningún contenido real a estas palabras "Dios es amor" a no ser que se las ponga junto a todo esos otros conceptos de igual sublimidad como "Dios es Luz", Dios es Santidad", "Dios es fuego consumidor". El amor de Dios no puede ser captado en su longitud, anchura, altura y profundidad -todo lo cual excede al conocimiento- a no ser que sea captado como el amor de un Dios que vuelve el rostro ante la vista del pecado con inefable aborrecimiento y arde de inextinguible indignación contra él. Lo infinito de su amor quedaría esclarecido no por la prodigalidad de su favor hacia los pecadores sin exigir expiación del pecado, sino -a traves de una santidad y de una justicia de tal calibre que le obligan a levantar la voz con infinita aversión e indignación- por un amor tan grande hacia los pecadores que le hace proveer una satisfacción por sus pecados, adecuada para tan tremendas exigencias.Cierto crítico, algún tanto frivolo, al contemplar la religión de Israel, nos ha dicho, como expresión de su admiración por lo que encontró alli, que: "un Dios honesto es la mas noble obra del hombre". Hay una profunda verdad escondida en tal observación. Sólo que es evidente que tal obra era demasiado noble para el hombre; y probablemente el hombre nunca la ha conseguido. Un Dios benévolo, si; los hombres se han forjado para si un dios benevolo, pero un Dios absolutamente honesto, quizá nunca; este conocimiento se lo debemos a la revelación que de Sí mismo nos ha hecho Dios. Y esta es realmente la caracteristica distintiva del Dios de la revelación: El es un Dios completamente honesto y concienzudo -un Dios que se comporta honesta y concienzudamente consigo mismo y con nosotros-. Y podemos estar seguros de que un Dios completamente concienzudo no es un Dios que puede comportarse con los pecadores como si no fuesen pecadores. En este hecho se apoya quizá la base más profunda de la necesidad de una redención expiatoria.Y es también en este hecho donde se asienta la base más profunda del creciente fracaso del mundo moderno para apreciar la necesidad de una redención expiatoria. La rectitud de conciencia sólo puede ser sintonizada por una conciencia despierta; y en gran parte del reciente teologizar, la conciencia no parece especialmente activa. En verdad, nada hay tan sobrecogedor en la estructura de las recientes teorias sobre la redención como la evidente desaparición del sentido de pecado que subyace en ellas. Es seguro que, sólo cuando el sentido de culpabilidad y de pecado se ha desvanecido considerablemente, pueden los hombres suponer que todo lo que se necesita para purgarlo es arrepentirse. Tambien es seguro que, solo cuando el sentido del poder del pecado ha decaido profundamente, son los hombres capaces de imaginar que podrán y querrán echarlo fuera de sí por medio de un "arrepentimiento revolucionario". Y tambien es seguro que, sólo cuando el sentido de la atrocidad del pecado ha desaparecido prácticamente, puede el hombre imaginar que el Dios Santo y justo puede tratar el pecado a la ligera. Si no tenemos mucho de que ser salvos, entonces una expiación muy pequeña sera suficiente para nuestras necesidades. Después de todo, es solamente el pecador quien necesita un Salvador. Pero, si somos pecadores y nos percatamos de lo que ello significa, entonces clamaremos por un Salvador tal, que solo después que El mismo fue hecho perfecto mediante el sufrimiento, pudo llegar a ser el Autor de una salvación eterna.

domingo, 31 de enero de 2010

Arrepentimiento para vida, C.H. Spurgeon



Un sermón predicado la mañana del Domingo 23 de Septiembre, 1855
por Charles Haddon Spurgeon
En la Capilla New Park Street, Southwark, Londres.
"¡De manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida! Hechos 11: 18.

Uno de los mayores obstáculos que haya tenido que superar jamás la religión cristiana, fue el prejuicio inveterado que se apoderó de las mentes de sus primeros seguidores. Los creyentes judíos, los doce apóstoles y aquellos que Jesucristo había llamado de entre los esparcidos de Israel, estaban tan apegados a la idea de que la salvación era de los judíos, y que nadie sino los discípulos de Abraham, o, por lo menos, los circuncidados, podían ser salvos, que no podían aceptar la idea de que Jesús hubiera venido para ser el Salvador de todas las naciones, y que en Él serían benditos todos los pueblos de la tierra. Con mucha dificultad podían aceptar esa suposición; era tan opuesta a toda su educación judía, que los vemos convocando a Pedro a un concilio de cristianos, y preguntándole: "¿Por qué has entrado en casa de hombres incircuncisos, y has comido con ellos?" Y Pedro no pudo exonerarse a sí mismo hasta no haber referido plenamente el asunto, y haber declarado que Dios se le apareció en una visión, diciéndole: "Lo que Dios limpió, no lo llames tú común," y que el Señor le ordenó predicar el Evangelio a Cornelio y a su casa, ya que eran creyentes. Después de esto el poder de la gracia fue tan enorme, que esos judíos no pudieron resistirle más: y pese a toda su previa educación, de inmediato asumieron el principio comprehensivo del cristianismo: "y glorificaron a Dios, diciendo: ¡De manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida!"Bendigamos a Dios porque ahora estamos libres de los impedimentos del judaísmo, y porque tampoco estamos bajo los impedimentos de un gentilismo que a su vez ha excluido a los judíos; sino que vivimos muy cerca del bienaventurado tiempo que se aproxima, cuando judío y gentil, esclavo o libre, se sentirán uno en Jesucristo, nuestra Cabeza. No me propongo abundar sobre este tópico, sino que mi tema el día de hoy será: "el arrepentimiento para vida." Pido gracia a Dios para hablarles de tal manera que Su palabra sea como una espada cortante "que penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos."Por "arrepentimiento para vida" creo que debemos entender aquel arrepentimiento que va acompañado de vida espiritual en el alma, y que asegura la vida eterna a todo aquel que lo posee. "El arrepentimiento para vida," afirmo, trae consigo vida espiritual, o, más bien, es la primera consecuencia procedente de esa vida. Hay arrepentimientos que no son signos de vida -excepto de vida natural- porque sólo son efectuados por el poder de la conciencia y la voz de la naturaleza que habla en los hombres; pero el arrepentimiento del que se habla aquí, es producido por el Autor de la vida, y cuando viene, engendra tal vida en el alma que aquellos que estaban "muertos en sus delitos y pecados," son revividos conjuntamente con Cristo; aquellos que no tenían receptividad espiritual, ahora "reciben con mansedumbre la palabra implantada"; aquellos que dormitaban en el propio centro de la corrupción, reciben el poder de convertirse en hijos de Dios, y de estar cerca de Su trono. Yo creo que este es el "arrepentimiento para vida": aquel arrepentimiento que da vida a un espíritu muerto. También he dicho que este arrepentimiento asegura la vida eterna; pues hay arrepentimientos de los cuales oyes hablar a los hombres, que no aseguran la salvación del alma.Algunos predicadores afirman que aunque los hombres pueden arrepentirse y creer, también pueden apostatar y perecer. No pretendemos consumir nuestro tiempo haciendo un alto para exponer su error ahora; a menudo hemos considerado eso antes, y hemos refutado todo lo pudieran decir en defensa de su dogma. Pensemos en un arrepentimiento infinitamente mejor. El arrepentimiento de nuestro texto no es ese arrepentimiento, sino que es un "arrepentimiento para vida"; un arrepentimiento que es un verdadero signo de salvación eterna en Cristo; un arrepentimiento que nos preserva en Jesús a través de este estado temporal, y que, cuando hayamos pasado a la eternidad, nos proporciona una bienaventuranza que no puede ser destruida. "Arrepentimiento para vida" es la salvación real del alma, es el germen que contiene todos los elementos esenciales de la salvación, que los resguarda para nosotros, y que nos prepara para ellos. En este día hemos de prestar una atención, acompañada de oración, al "arrepentimiento" que es "para vida." Primero, voy a dedicar unos cuantos minutos a la consideración del arrepentimiento falso; en segundo lugar, voy a considerar los signos que caracterizan al verdadero arrepentimiento; y, posteriormente, enalteceré la caridad divina, de la cual está escrito: "¡De manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida!"I. Primero, entonces, consideraremos ciertos FALSOS ARREPENTIMIENTOS. Voy a comenzar haciendo esta observación: que espantarse bajo el sonido del Evangelio no es "arrepentimiento." Hay muchas personas que cuando oyen un fiel sermón evangélico, permanecen agitadas y conmovidas. Mediante un cierto poder que acompaña a la Palabra, Dios da testimonio de que se trata de Su propia Palabra, y provoca en aquellos que la oyen un cierto temblor involuntario. He visto a algunas personas, -cuando las verdades de la Escritura han resonado desde este púlpito- cuyas rodillas han temblado chocando entre sí, cuyos ojos han derramado lágrimas como si hubiesen sido fuentes de agua. He sido testigo de la profunda depresión de su espíritu, cuando -según me han dicho algunos de ellos- fueron sacudidos hasta el punto de no saber cómo soportar el sonido de la voz, pues era semejante a la terrible trompeta del Sinaí, tronando únicamente su destrucción. Queridos lectores, ustedes podrían estar sumamente turbados bajo la predicación del Evangelio, y, sin embargo, podrían no tener ese "arrepentimiento para vida." Ustedes podrían saber lo que es estar muy seria y profundamente afectados cuando asisten a la casa de Dios, y sin embargo, podrían ser pecadores endurecidos. Permítanme confirmar esta observación mediante un ejemplo: Pablo compareció ante Félix con sus manos encadenadas, y cuando disertaba acerca de "la justicia, del dominio propio y del juicio venidero," está escrito que "Félix se espantó," y, sin embargo, por buscar dilaciones, Félix se encuentra en la perdición, en medio del resto de personas que han dicho: "prosigue tu camino por esta vez; cuando encuentre un tiempo adecuado te buscaré." Hay muchas personas que no pueden asistir a la casa de Dios sin alarmarse; ustedes saben lo que es estar espantados ante el pensamiento de que Dios los castigará; puede ser que con frecuencia hayan sido inducidos a una emoción sincera bajo la influencia del ministro de Dios; pero, permítanme decirles que, a pesar de todo, podrían ser desechados porque no se han arrepentido de sus pecados ni se han vuelto a Dios. Peor aún. Es muy posible que no solamente se espanten ante la Palabra de Dios, sino que podrían volverse Agripas amigables, y estar "por poco persuadidos" a volverse a Jesucristo, y, sin embargo, no tener ningún "arrepentimiento"; podrían ir más allá y llegar a desear el Evangelio; podrían decir: "¡Oh!, este Evangelio es algo tan bueno, que yo quisiera recibirlo. Asegura tanta felicidad aquí y tanto gozo en el más allá, que quisiera poder llamarlo mío." ¡Oh, es bueno oír de esta manera esta voz de Dios! Pero podrían quedarse tranquilos, y, mientras algún texto poderoso es predicado adecuadamente, podrían decirse: "creo que es verdad"; pero tiene que entrar en el corazón antes de que puedan arrepentirse. Puedes incluso caer de rodillas en oración y puedes pedir con labios aterrados que esto sea de bendición para tu alma; y, después de todo, podría ser que no fueras un hijo de Dios. Podrías decir como Agripa le dijo a Pablo: "Por poco me persuades a ser cristiano"; sin embargo, igual que Agripa, podrías no pasar más allá del "por poco." Agripa estaba "casi persuadido a ser cristiano," pero no "plenamente convencido." Ahora, cuántos de ustedes han estado "por poco persuadidos" y, sin embargo, no están realmente en el camino a la vida eterna. Cuán a menudo la convicción los ha conducido a caer de rodillas y "por poco" se han arrepentido, pero han permanecido allí, sin arrepentirse realmente.¿Ven aquel cadáver? Murió recientemente. Todavía no ha adquirido la lividez mortal, su color se semeja todavía a la vida. Su mano está tibia todavía; podría pensarse que está vivo, y casi pareciera respirar. Todo está íntegro: el gusano escasamente lo ha tocado; la descomposición escasamente se ha presentado; no hay ningún olor fétido. Sin embargo, la vida se ha ido; no hay ninguna vida allí. Lo mismo sucede con ustedes: por poco están vivos; por poco tienen cada órgano externo de la religión que tiene el cristiano; pero no tienen vida. Podrían tener un arrepentimiento, pero no el arrepentimiento sincero. ¡Oh, hipócrita! Te advierto el día de hoy, que no solamente podrías sentir espanto sino hasta una complacencia por la Palabra de Dios, y, sin embargo, después de todo, no tener "arrepentimiento para vida". Todavía podrían hundirse en el pozo del abismo, y escuchar que se diga: "Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles."Pero, además, es todavía posible que los hombres progresen inclusive más allá de esto, y que positivamente se humillen bajo la mano de Dios, pero que sean completos extraños al arrepentimiento. Su bondad no es como la nube mañanera y el rocío temprano que se desvanecen, sino que después que escuchan el sermón, regresan a casa y realizan lo que ellos conciben que es la obra del arrepentimiento, es decir, renuncian a ciertos vicios y necedades, se visten de cilicio y sus lágrimas se derraman muy abundantemente por causa de lo que han hecho; se lamentan delante de Dios; y, sin embargo, con todo eso, su arrepentimiento no es sino un arrepentimiento pasajero, y regresan otra vez a sus pecados. ¿Acaso niegan que exista tal penitencia? Permítanme contarles un caso. Un cierto hombre llamado Acab codiciaba la viña de su vecino Nabot, que se rehusaba a venderla a cualquier precio ni hacer un intercambio. Acab consultó con su esposa Jezabel, que urdió el plan de matar a Nabot para que el rey se apropiara de la viña. Después que Nabot murió, y Acab hubo tomado posesión de la viña, el siervo del Señor se reunió con Acab y le dijo: "¿No mataste, y también has despojado?. . .Así ha dicho Jehová: En el mismo lugar donde lamieron los perros la sangre de Nabot, los perros lamerán también tu sangre, tu misma sangre. . . .He aquí yo traigo mal sobre ti, y barreré tu posteridad." Leemos que Acab se fue y anduvo humillado; y el Señor dijo: "Pues por cuanto se ha humillado delante de mí, no traeré el mal en sus días." Él le había concedido una suerte de misericordia; pero leemos a continuación, en el siguiente capítulo, que Acab se rebeló, y en una batalla en Ramot de Galaad, de conformidad al siervo del Señor, fue muerto allí; así que "los perros lamieron su sangre" exactamente en la viña de Nabot. Ustedes también, les digo, podrían andar humillados delante de Dios por un tiempo, y, sin embargo, podrían seguir siendo los esclavos de sus transgresiones. Ustedes tienen miedo de la condenación, pero no tienen miedo de pecar: tienen miedo del infierno, pero no le temen a sus iniquidades; tienen miedo de ser arrojados al pozo, pero no temen endurecer sus corazones contra Sus mandamientos. ¿No es verdad, oh pecador, que le tienes pavor al infierno? No es el estado de tu alma el que te turba, sino el infierno. Si el infierno fuera extinguido, tu arrepentimiento se extinguiría; si los terrores que te esperan fuesen eliminados, pecarías más pérfidamente que antes, y tu alma se endurecería, y se rebelaría contra su soberano. No se engañen, hermanos míos, en este punto; examínense para comprobar si andan en fe; pregúntense si tienen el "arrepentimiento para vida"; pues podrían andar humillados por un tiempo, y, sin embargo, no arrepentirse nunca delante de Dios. Muchos avanzan más allá de esto, y, sin embargo, están destituidos de la gracia. Podría ser posible que confieses tus pecados sin arrepentirte. Podrías acercarte a Dios, y decirle que eres un miserable; podrías enumerar una larga lista de tus transgresiones y de los pecados que has cometido, sin un sentido de la horripilación de tu culpa, sin una sola chispa de odio real a tus acciones. Podrías confesar y reconocer tus transgresiones, y, sin embargo, no sentir un aborrecimiento del pecado; y si no resistes al pecado, en la fortaleza de Dios, si no lo abandonas, este supuesto arrepentimiento no sería sino el color dorado que luce la pintura decorativa; no se trata de la gracia que realmente transforma en el oro que soporta el fuego. Digo que podrían llegar a confesar sus faltas, y, sin embargo, no tener arrepentimiento. Además, y entonces habré tocado el más lejano pensamiento que he de dar sobre este punto. Podrían hacer alguna obra digna del arrepentimiento, y sin embargo ser impenitentes. Déjenme darles una prueba de esto en un hecho autenticado por la inspiración. Judas traicionó a su Señor, y después de haberlo hecho, un sobrecogedor sentido del enorme mal que había cometido se apoderó de él. Su culpa enterró toda esperanza de arrepentimiento, y en el abatimiento de la desesperación, mas no en el dolor de la verdadera compunción, confesó su pecado a los sumos sacerdotes, clamando: "Yo he pecado entregando sangre inocente." Ellos le dijeron: "¿Qué nos importa a nosotros? ¡Allá tú!" Entonces arrojó las piezas de plata en el templo, para mostrar que no podía soportar cargar con el precio de la culpa; y las dejó allí. Salió, y, ¿fue salvo? No. "Salió, y fue y se ahorcó." Y aun entonces la venganza de Dios le siguió: pues cuando se colgó cayó desde la altura donde estaba suspendido, y quedó destrozado; se perdió y su alma pereció. Pueden ver lo que este hombre hizo. Él pecó, confesó su error, y devolvió el oro; sin embargo, después de eso, fue un réprobo. ¿Acaso no nos pone a temblar esto? Pueden ver cuán posible es ser tan aproximadamente el remedo de un cristiano, que la propia sabiduría, si solamente fuera mortal, sería engañada. II. Ahora, habiéndoles advertido así que hay muchas falsas clases de arrepentimiento, tengo el propósito de ocupar un corto tiempo haciendo algunas observaciones sobre EL VERDADERO ARREPENTIMIENTO, y los signos mediante los cuales podremos discernir si contamos con ese "arrepentimiento" que es "para vida".Antes que nada, permítanme corregir uno o dos errores que aquellos que están viniendo a Jesucristo cometen con frecuencia. Uno es que creen a menudo que deberían experimentar profundas, horribles y pavorosas manifestaciones de los terrores de la ley y del infierno antes de que se pueda decir que se arrepintieron. Con cuántas personas he conversado que me han dicho lo que solamente puedo traducirles en español a ustedes, en esta mañana, más o menos de esta manera: "no me arrepiento lo suficiente, no me siento lo suficientemente pecador. No he sido un transgresor tan indisculpable y perverso como muchos otros: yo casi quisiera haberlo sido; no porque ame al pecado, sino debido a que entonces tendría convicciones más profundas de mi culpa, y me sentiría más seguro de haber venido verdaderamente a Jesucristo." Ahora, sería un grave error imaginar que estos pensamientos terribles y horribles de un juicio venidero tengan algo que ver con la validez del "arrepentimiento." Con frecuencia no son el don de Dios para nada, sino las insinuaciones del diablo; e incluso allí donde la ley obra y produce estos pensamientos, no deberían considerarlos como constituyentes de una parte y una porción del "arrepentimiento." No entran en la esencia del arrepentimiento. El "arrepentimiento" es un odio al pecado; consiste en apartarse del pecado y en una determinación, en la fuerza de Dios, de abandonarlo. Es posible que un hombre se arrepienta sin un horripilante despliegue de los terrores de la ley; podría arrepentirse sin haber oído los sonidos de la trompeta del Sinaí, sin haber escuchado algo más que un distante rumor de su trueno. Un hombre puede arrepentirse enteramente por medio de la voz de la misericordia. Dios abre algunos corazones a la fe, como en el caso de Lidia. A otros acomete con el martillo grueso de la ira venidera; a algunos abre con la ganzúa de la gracia, y a otros con la palanca de hierro de la ley. Puede haber muchas formas de llegar allí, pero la pregunta es: ¿has llegado allí? ¿Te encuentras allí? Sucede con frecuencia que el Señor no está en la tempestad ni en el terremoto, sino en el "silbo apacible y delicado."Hay otro error que muchas pobres personas cometen cuando están pensando en la salvación, y es: que no se pueden arrepentir lo suficiente; se imaginan que si se arrepintiesen hasta un cierto grado, serían salvos. "¡Oh, señor!", -dirán algunos de ustedes- "no tengo suficiente contrición". Amados, permítanme decirles que no hay ningún grado eminente de "arrepentimiento" que sea necesario para la salvación. Ustedes saben que hay grados de fe, y sin embargo la mínima fe salva; también hay grados de arrepentimiento, y el mínimo arrepentimiento, si es sincero, salvará al alma. La Biblia dice: "El que creyere será salvo"; y cuando dice eso, incluye el grado más pequeño de fe. También cuando dice: "Arrepentíos y convertíos para que sean borrados vuestros pecados," incluye al hombre que tiene el grado más bajo de arrepentimiento real. El arrepentimiento, además, no es nunca perfecto en ningún hombre en este estado mortal. Nunca alcanzaremos la fe perfecta que esté enteramente libre de dudas; y nunca alcanzaremos el arrepentimiento que sea libre de alguna dureza de corazón. El más sincero penitente que conozcan se sentirá parcialmente impenitente. El arrepentimiento es también un acto continuo durante la vida entera. Crecerá continuamente. Yo creo que un cristiano en su lecho de muerte se arrepentirá más amargamente de lo que lo hizo jamás. Arrepentirse es algo que ha de hacerse durante toda la vida. Pecar y arrepentirse, pecar y arrepentirse, resume la vida de un cristiano. Arrepentirse y creer en Jesús, arrepentirse y creer en Jesús, conforma la consumación de su felicidad. No deben esperar ser perfectos en "arrepentimiento" antes de ser salvos. Ningún cristiano puede ser perfecto. El "arrepentimiento" es una gracia. Algunas personas lo predican como una condición de salvación. ¡Condición de insensatez! No hay condiciones para la salvación. Dios mismo da la salvación; y Él únicamente la da a los que Él quiere. Dice: "Tendré misericordia del que yo tenga misericordia."Si, entonces, Dios te ha dado el mínimo arrepentimiento, y es un arrepentimiento sincero, alábalo por ello, y espera que ese arrepentimiento crezca más y más profundamente conforme sigas adelante. Entonces esta observación ha de ser aplicada a todos los cristianos. Hombres y mujeres cristianos, ustedes sienten que no tienen un arrepentimiento lo suficientemente profundo. Sienten que no tienen una fe lo suficientemente grande. ¿Qué han de hacer? Pidan un aumento de fe, y crecerá. Lo mismo sucede con el arrepentimiento. ¿Han tratado alguna vez de alcanzar un profundo arrepentimiento? Amigos míos, si han fracasado en el intento, confíen en Jesús, y traten cada día de obtener un espíritu penitencial. No esperen tener -lo repito- un perfecto arrepentimiento al principio; han de tener contrición sincera, y luego, bajo la gracia divina irán de poder en poder, hasta que al final odiarán y aborrecerán el pecado como a una serpiente o una víbora, y entonces estarán cerca, muy cerca, de la perfección del arrepentimiento. Les he dado estas consideraciones, entonces, como inicio del tema. Y ahora ustedes preguntarán: ¿cuáles son los signos del verdadero "arrepentimiento" a los ojos de Dios?Primero, les digo, que hay pena en él. Nadie se arrepiente jamás del pecado sin sentir algún tipo de tristeza a la vez. Puede ser más o menos intensa, de acuerdo a la manera en que Dios les llama, y a su previa manera de vida; pero debe haber alguna tristeza. No nos importa cuándo llega, pero en algún momento o en otro debe llegar, o no sería el arrepentimiento de un cristiano. Conocí una vez a un hombre que profesaba que se había arrepentido, y en verdad su carácter había cambiado externamente; pero nunca pude ver que tuviera un dolor real por el pecado; tampoco vi jamás algunas señales de contrición en él cuando profesó creer en Jesús. Yo consideré que en ese hombre se trataba de un salto extático a la gracia; y encontré después que tuvo exactamente un salto igualmente extático a la culpa otra vez. Él no era una oveja de Dios, pues no había sido lavado en contrición: pues todo el pueblo de Dios ha de ser lavado en contrición cuando es convertido de sus pecados. Nadie puede venir a Cristo y conocer Su perdón sin sentir que el pecado es una cosa odiosa, pues llevó a la muerte a Cristo. Ustedes que tienen sus ojos secos, sus rodillas sin doblar y sus corazones empedernidos, ¿cómo podrían pensar que son salvos? El Evangelio promete salvación únicamente a aquellos que realmente se arrepienten.Sin embargo, para no herir a ninguno de ustedes, y hacerles sentir algo que no es mi intención hacerles sentir, permítanme observar que no quiero decir que deban derramar lágrimas reales. Algunos hombres tienen una constitución tan dura que no podrían derramar una sola lágrima. He conocido a algunas personas que han sido capaces de suspirar y de gemir, pero las lágrimas no brotan. Bien, yo digo que aunque las lágrimas suministran a menudo evidencias de contrición, podrían tener "arrepentimiento para vida" sin ellas. Lo que yo quisiera que entendieran es que debe haber un dolor real. Si la oración no es vocal, debe ser secreta. Para mostrar el arrepentimiento, aunque sea mínimo, debe haber un gemido aunque no haya palabras, debe haber por lo menos un suspiro aunque no haya lágrimas. En este arrepentimiento ha de haber, pienso, no únicamente dolor, sino que ha de haber algo práctico: debe ser un arrepentimiento práctico.
"No basta con decir que lo sentimos, y arrepentirnos,Y luego continuar día a día como siempre caminamos."Muchas personas están muy apenadas y muy penitentes por sus pecados pasados. Óiganlos hablar. "¡Oh!", -dicen- "lamento profundamente haber sido un borracho un día; y sinceramente deploro haber caído en ese pecado; lamento profundamente haber hecho eso." Luego se van directo a casa; y cuando llega la una de la tarde del día domingo los encontrarán bebiendo otra vez. Y, sin embargo, esa gente dice que se ha arrepentido. ¿Acaso les creerían ustedes cuando dicen que son pecadores, pero que no aman el pecado? Puede ser que no lo amen durante un tiempo; pero ¿podrían ser sinceros penitentes, y luego ir y transgredir otra vez inmediatamente, en la misma forma en que lo hicieron antes? ¿Cómo podríamos creerles si transgreden una y otra vez, y no abandonan su pecado? Conocemos a un árbol por sus frutos; y ustedes que son penitentes producirán obras de arrepentimiento.A menudo he considerado como un muy hermoso ejemplo que refleja el poder de la contrición, una anécdota aportada por un piadoso ministro. Él había estado predicando sobre el arrepentimiento, y en el curso de su sermón habló del pecado del robo. Cuando iba camino a su casa, un trabajador se le acercó, y el ministro observó que tenía algo bajo su uniforme de obrero. El ministro le dijo que no tenía que acompañarle más lejos; pero el hombre persistió. Por fin le dijo: "traigo un azadón bajo mi brazo que robé en aquella finca; lo escuché predicar acerca del pecado de robo, y debo ir y ponerlo en su lugar otra vez." Eso fue un sincero arrepentimiento, pues lo motivó a regresar y devolver el artículo robado. Sucedía lo mismo con los isleños de los Mares del Sur, de quienes leemos que robaban la ropa y los muebles de los misioneros, y todo lo que se podían llevar de sus casas; pero cuando eran convertidos salvadoramente, les llevaban todo de regreso. Pero muchos de ustedes dicen que se arrepienten, y sin embargo no producen fruto; eso no sirve para nada. La gente se arrepiente sinceramente, dicen, de haber cometido un robo, o de haber mantenido una casa de juegos; pero se cuidan de que todas las ganancias sean empleadas en el mejor bienestar de su corazón. El verdadero "arrepentimiento" producirá obras dignas de "arrepentimiento"; será un arrepentimiento práctico. Pero vamos más lejos. Ustedes pueden saber si su arrepentimiento es práctico mediante esta prueba. ¿Tiene alguna duración o no? Muchos de sus arrepentimientos se asemejan al rubor hético de la persona tísica, que no es ninguna señal de salud. Muchas veces he visto a algún joven en un trance de piedad recién adquirida pero poco firme; y él ha creído que ha estado a punto de arrepentirse de sus pecados. Durante algunas horas, tal persona está profundamente contrita delante de Dios, y por semanas renuncia a sus necedades. Asiste a la casa de oración, y conversa a la manera de un hijo de Dios. Pero regresa a sus pecados como el perro vuelve a su vómito. El espíritu inmundo "ha vuelto a su casa, y ha tomado consigo otros siete espíritus peores que él,. . .y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero." ¿Cuánto tiempo ha durado tu contrición? ¿Duró algunos meses, o te sobrevino y se alejó súbitamente? Tú dijiste: "me uniré a la iglesia; haré esto, aquello y lo otro, por amor a Dios." ¿Son tus obras duraderas? ¿Crees que tu arrepentimiento dure seis meses? ¿Continuará por doce meses? ¿Durará hasta que estés envuelto en tu mortaja?Pero, además, he de hacerles una pregunta más. ¿Ustedes creen que se arrepentirían de sus pecados si no hubiese un castigo delante ustedes? ¿O se arrepienten porque saben que serán castigados para siempre si permanecieran en sus pecados? Supongan que les dijera que no existe el infierno del todo; que, si quisieran, podrían blasfemar; y, si quisieran, podrían vivir sin Dios. Supongan que no hubiere recompensa para la virtud, y no hubiere castigo para el pecado, ¿cuál elegirían? ¿Podrían decir con toda honestidad esta mañana: "creo que, por la gracia de Dios, sé que elegiría la justicia aunque no hubiere recompensa para ella, aunque no se ganase nada por medio de la justicia, y no se perdiera nada por el pecado?" Todo pecador odia su pecado cuando se acerca a la boca del infierno; todo asesino odia su crimen cuando se aproxima al patíbulo; nunca he visto que un niño odie tanto su falta como cuando va a ser castigado por ella. Si no tuvieran un motivo para temer al abismo, si supiesen que pudieran entregar su vida al pecado, y que pudieran hacerlo con impunidad, aun así, ¿sentirían que odiaban al pecado, y que no podrían, y no querrían cometer el pecado, excepto por causa de la debilidad de la carne? ¿Todavía desearían la santidad? ¿Todavía desearían vivir como Cristo? Si así fuera, -si pudieran decir eso sinceramente- si de esta manera se volvieran a Dios y odiaran su pecado con un odio eterno, no tienen que temer pues tienen un "arrepentimiento" que es "para vida".III. Ahora viene el tercer encabezado y el último, y es LA BENDITA BENEFICENCIA DE DIOS en conceder a los hombres "arrepentimiento para vida". El "arrepentimiento," mis queridos amigos, es el don de Dios. Es uno de esos favores espirituales que aseguran la vida eterna. Es una maravilla de la gracia divina que no solamente provea el camino de salvación, que no solamente invite a los hombres a recibir la gracia, sino que positivamente haga que los hombres estén dispuestos a ser salvos. Dios castigó a Su Hijo Jesucristo por nuestros pecados, y por ello proveyó la salvación para todos Sus hijos perdidos. Envía a Su ministro; el ministro pide a los hombres que se arrepientan y crean, y se esfuerza por llevarlos a Dios. Ellos no quieren escuchar el llamado, y desprecian al ministro. Pero entonces otro mensajero es enviado, un embajador celestial que no puede fallar. Emplaza a los hombres a que se arrepientan y se vuelvan a Dios. Sus pensamientos están un poco descarriados, pero después que Él, el Espíritu Divino, argumenta con ellos, olvidan el tipo de personas que eran, y se arrepienten y se vuelven. Ahora, ¿qué haríamos nosotros si hubiésemos sido tratados como lo fue Dios? Si hubiésemos preparado una cena, o una fiesta, y hubiéremos enviado mensajeros para invitar a los convidados a venir, ¿qué haríamos? ¿Ustedes creen que nos tomaríamos el trabajo de ir por todos lados visitándolos a todos y de hacer que vinieran? Y cuando se hubieren sentado y dijeran que no pueden comer, ¿acaso abriríamos sus bocas? Si todavía declararan que no pueden comer, ¿los haríamos comer? ¡Ah!, amados, estoy inclinado a pensar que no harían eso. Si hubieran firmado las invitaciones, y los invitados no vinieran a su fiesta, ¿acaso no dirían: "no habrá fiesta"? Pero, ¿qué hace Dios? Él dice: "Ahora haré una fiesta, e invitaré a la gente, y si no vinieren, mis ministros saldrán y los traerán personalmente. Diré a mis siervos: vayan por los caminos y por los vallados, y fuércenlos a entrar, para que puedan participar de la fiesta que he preparado." ¿Acaso no es un acto estupendo de la misericordia divina que efectivamente los vuelva dispuestos? No lo hace por medio de la fuerza, sino que usa una dulce persuasión espiritual. Primero están renuentes al máximo a ser salvados; "pero" -dice Dios- "eso no es nada, Yo tengo el poder de hacerlos volverse a Mí, y lo haré". El Espíritu Santo hace penetrar entonces la Palabra de Dios en las conciencias de Sus hijos de una manera tan bendita, que no pueden rehusarse más a amar a Jesús. Les pido que observen que no lo hace por medio de alguna fuerza en contra de su voluntad, sino mediante una dulce influencia espiritual que cambia la voluntad.Él coloca no únicamente un festín de cosas buenas delante de los hombres, sino que los induce a venir y participar de ellas, y los constriñe a continuar festejando mientras los lleva a la mansión permanente y eterna. Y al llevarlos arriba, le dice a cada uno: "Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia. Ahora, ¿me amas tú a Mí? "Oh, Señor," -claman- "Tu gracia al traernos aquí demuestra que nos amas, pues nosotros estábamos renuentes a venir. Tú dijiste: irán, y nosotros dijimos que no iríamos, pero Tú nos hiciste ir. Y ahora, Señor, te bendecimos y te amamos por esa fuerza. Fue un apremio divino." Yo era un cautivo que forcejeaba, pero fui conducido a estar dispuesto.
"¡Oh, gracia soberana, somete mi corazón!Quiero ser conducido en triunfo también;Un cautivo dispuesto para mi Señor,Para cantar los honores de Su Palabra."Bien, ahora, ¿qué dicen ustedes? Algunos dirán: "señor, he estado tratando de arrepentirme durante largo tiempo. En penas y aflicciones he estado orando y tratando de creer, y haciendo todo lo que pueda." Les diré algo: lo intentarán por tiempo indefinido antes de ser capaces de hacerlo. Esa no es la forma de alcanzarlo. Oí la historia de dos caballeros que iban de viaje. Uno de ellos le dijo al otro: "no sé cómo haces, pero da la impresión que tú recuerdas siempre a tu esposa y tu familia, y todo lo que están haciendo en casa, y da la impresión que tú conectas todas las cosas que te rodean con ellos; pero yo trato de recordar a mi familia constantemente, y, sin embargo, nunca logro hacerlo." "No," -respondió el otro- "esa es precisamente la razón por qué no puedes: porque lo intentas. Si pudieras conectarlos con cada pequeña circunstancia que encontramos, fácilmente los recordarías. En tal y tal momento pienso: ahora se están levantando; y en tal y tal momento: ahora están en oración; en tal y tal hora: ahora están desayunando. De esta manera los tengo siempre delante de mí." Creo que lo mismo sucede con relación al "arrepentimiento." Si un hombre dijera: "quiero creer", y tratara, mediante algún medio mecánico, de inducirse al arrepentimiento, sería un absurdo, y nunca lo lograría. Pero la manera en que puede arrepentirse es, por la gracia de Dios, creyendo, creyendo y pensando en Jesús. Si viera el costado sangrante, la corona de espinas, las lágrimas de angustia; si tuviera una visión de todo lo que Cristo sufrió, no tengo temor de afirmar que se volvería a Él en arrepentimiento. Apostaría la reputación que yo pudiera tener en las cosas espirituales afirmando que un hombre no puede, bajo la influencia de Espíritu Santo de Dios, contemplar la cruz de Cristo sin un corazón quebrantado. Si no fuera así, mi corazón sería diferente del de todos los demás. No he conocido nunca a nadie que hubiere reflexionado, y mirado la cruz, que no hubiere descubierto que la cruz engendró "arrepentimiento" y engendró fe. Miramos a Jesús si queremos ser salvos, y luego decimos: "¡Sacrificio admirable!, que Jesús haya muerto así para salvar a los pecadores." Si quieres la fe, debes recordar que Él la da; si quieres el arrepentimiento, ¡Él lo da!, si quieres vida eterna, Él la da liberalmente. Él puede forzarte a sentir tu gran pecado, y llevarte al arrepentimiento por la mirada de la cruz del Calvario, y el sonido del mayor y más profundo clamor de muerte: "Eloi, Eloi, ¿lama sabactani?" "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?" Eso engendrará "arrepentimiento"; eso te hará llorar y decir: "¡Ay!, ¿y mi Salvador sangró; y mi Soberano murió por mí?" Entonces, amado amigo, si quisieras tener "arrepentimiento", este es mi mejor consejo para ti: mira a Jesús. Y que el bendito Dador de todo "arrepentimiento para salvación" te guarde de los falsos arrepentimientos que he descrito, y te dé ese "arrepentimiento" que existe para vida.
"¡Arrepiéntete!, clama la voz celestial,Y no oses demorarte;El infeliz que desdeña el mandato, muere,Y se enfrenta a un fiero día.El ojo soberano de Dios, ya noPasa por alto los crímenes de los hombres;Sus heraldos son despachados por doquierPara advertir al mundo de pecado.Los emplazamientos abarcan toda la tierra;Que la tierra concurra y tema;¡Escuchen, hombres de cuna real,Y que sus vasallos oigan también!Juntos ante Su presencia dóblense, Y confiesen toda su culpa;Abracen al bendito Salvador ahora,No minimicen Su gracia.Dobléguense antes de que la terrible trompeta suene,Y los llame a Su tribunal;Pues la misericordia conoce el límite establecido,Y se convierte en venganza allí."

miércoles, 13 de enero de 2010

Un tabernáculo en la azotea, D. Wilkerson



Aquí, en la Iglesia de “Times Square” hemos designado esta año como uno de oración para el avivamiento. El “avivamiento” no lo conceptuamos como un grandioso mover espiritual en donde la gente viene de lejos para ver algo sensacional. Por el contrario, estamos anhelando que haya gente preparada. ¡Preparada en santidad para ser una morada de la presencia del Señor! Queremos un avivamiento de la santa presencia del Señor, en donde las cosas sean tan agradables a Dios que Él venga para suplir cada necesidad. ¡Un lugar donde Su gloria es revelada!
En el octavo capítulo de Nehemías se encuentran lo que yo llamo “las cinco absolutas evidencias del avivamiento”. No se le puede llamar avivamiento o despertar a menos que cada una de las cinco evidencias estén presentes. Nehemías es un libro de avivamiento. Es la historia de 42,360 judíos regresando a Jerusalén del exilio de Babilonia, para santidad y verdadera adoración. La salida de Babilonia es un tipo de la salida de los creyentes de iglesias muertas, tibias y mundanas para ir con un remanente a la santa Sion, para regresar a las sendas antiguas e ir adelante con un pueblo y unos pastores que caminen en la verdad.
Este remanente santo arremangó las mangas de su camisa y trabajó en unidad para quitar la basura y la inmundicia que había contaminado a Jerusalén. Ellos reconstruyeron los muros desmoronados y levantaron las puertas. Eso es lo que estamos haciendo en la iglesia “Times Square”: quitando la basura que se ha acumulado, la basura de falsas doctrinas, de materialismo, de pecado y tibieza en el púlpito y en las bancas. Estamos reconstruyendo los muros que se habían desmoronado. Cientos de personas del pueblo de Dios han sido saqueadas y destruídas por fuerzas satánicas; los hogares y los matrimonios han estado trabajando juntos para levantar los muros y las puertas para mantener fuera al enemigo. Dios ha reunido a un remanente de entre todos aquellos que han escapado de Babilonia y están listos para tomar los cinco grandes pasos para la restauración y el avivamiento.
LA PRIMERA EVIDENCIA DEL AVIVAMIENTO ES UN FERVIENTE DESEO DE LUCHAR Y OBEDECER LA PALABRA DEL SEÑOR.
“Y se juntó todo el pueblo como un solo hombre en la plaza que está delante de la puerta de las Aguas, y dijeron a Esdras el escriba que trajese el libro de la ley de Moisés, la cual Jehová había dado a Israel.
Y el sacerdote Esdras trajo la ley delante de la congregación, así de hombres como de mujeres y de todos los que podían entender, el primer día del mes séptimo.
Y leyó en el libro delante de la plaza que está delante de la puerta de las Aguas, desde el alba hasta el mediodía, en presencia de hombres y mujeres y de todos los que podían entender; y los oídos de todo el pueblo estaban atentos al libro de la ley.
Y el escriba Esdras estaba sobre un púlpito de madera que habían hecho para ello, y junto a él estaban Matatías, Sema, Anías, Urías, Hilcías y Maasías a su mano derecha; y a su mano izquierda, Pedaías, Misael, Malquías, Hasum, Hasbadana, Zacarías y Mesulam.
Abrió, pues, Esdras el libro a ojos de todo el pueblo, porque estaba más alto que todo el pueblo; y cuando lo abrió, todo el pueblo estuvo atento” (Neh. 8:1-5).
El clamor de sus corazones era: “¡Tráenos la verdadera palabra del Señor!” Esdras se paró sobre un púlpito de madera y leyó la palabra de Dios por seis horas, mientras la multitud estaba atenta, aprendiendo que la causa de su sufrimiento era su propia terquedad y rebelión. La evidencia más certera de un avivamiento en un alma, una iglesia o una ciudad es una gran hambre de la palabra de Dios. Los cristianos descarriados no quieren esa diversión. Los predicadores negligentes no predican mucho de la palabra de Dios, por el contrario, ellos dan cortos sermoncitos. ¡Ellos no predican la ley, porque esto produce convicción y sacude a la iglesia! ¡Hace que los conformistas se retuerzan!
Donde el Espíritu Santo está trabajando, la gente en las bancas está clamando por la Palabra. Yo recibo cientos de cartas de santos necesitados que claman: “Estamos hambrientos. No escuchamos la verdadera Palabra. Recibimos la letra muerta sin la unción: “¡Jabón suavizado!”. Donde Dios está obrando hay Biblias por todos lados. Hay una expectación de la predicación y la enseñanza con una verdadera reverencia por la Palabra, la Palabra es amada y honrada.
Es muy triste que en muchas iglesias carismáticas la predicación sea rechazada. Ellos no pueden esperar hasta que se termine, para seguir con la alabanza y la adoración. ¡Todo es música, entretenimiento y cantares especiales que a ellos le gustan!
Cuando el Espíritu Santo viene no hay más necesidad de algún evangelista estrella o un maestro en el centro del escenario, sino la Palabra siendo aclamada. El clamor será: “¡Señor, lo quiero todo; lo bueno, lo malo, los mandamientos, las promesas, todo el consejo de Dios!”.


LA SEGUNDA EVIDENCIA DEL AVIVAMIENTO ES UN ARREPENTIMIENTO CON UN CORAZON QUEBRANTADO.
“Bendijo entonces Esdras a Jehová, Dios grande. Y todo el pueblo respondió: ¡Amén! ¡Amén! Alzando sus manos; y se humillaron y adoraron a Jehová inclinados a tierra.
Y los levitas Jesúa, Bani, Serebías, Jamín, Acub, Sebatai, Hodías, Maacías, Kelita, Azarías, Jozabeth, Hanán y Pelaía, hacían entender al pueblo la ley; y el pueblo estaba en su lugar.
Y leían en el libro de la ley de Dios claramente y ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura.
Y Nehemías el gobernador, y el sacerdote Esdras, escriba, y los levitas que hacían entender al pueblo, dijeron a todo el pueblo: Día santo es a Jehová nuestro Dios; no os entristezcáis, ni lloréis; porque todo el pueblo lloraba oyendo las palabras de la ley” (Neh. 8:6-9).
Su primera reacción a la palabra fue de exaltación y de gozo, ellos clamaron: ¡Amén! ¡Amén! Alzando sus manos. David dijo: “Alzad vuestras manos al santuario, y bendecid a Jehová” (Sal. 134:2). Pero la palabra hizo que enseguida se postraran. Cuando la palabra de Dios nos lleva a postrarnos esto es verdadero arrepentimiento. “Se humillaron y adoraron a Jehová inclinados a tierra”. “… Porque todo el pueblo lloraba oyendo las palabras de la ley”. ¡Ellos temblaron ante la palabra de Dios, la tomaron en serio y se arrepintieron!
Cuando un avivamiento del Espíritu Santo llega, los cristianos no guardan rencor, no murmuran, calumnian o critican. No están tratando de corregir a la iglesia o a los pastores. ¡No se sientan ociosamente como un costal de papas enfrente de la televisión! ¡No! Ellos están postrados delante de Dios, llorando, porque la palabra ha impresionado sus corazones. No están juzgando ni mirando a otros. Ellos están siendo redargüidos por la Palabra, por no alcanzar los estándares de Dios.


LA TERCERA SEÑAL DEL AVIVAMIENTO ES UN INCREIBLE ESPIRITU DE GOZO Y CELEBRACION.
“Luego les dijo: Id, comer grosuras, y beber vino dulce, y enviad porciones a los que no tienen nada preparado; porque día santo es a nuestro Señor; no os entristezcáis, porque el gozo de Jehová es vuestra fuerza.
Los levitas, pues, hacían callar a todo el pueblo, diciendo: Callad, porque es día santo, y no os entristezcáis.
Y todo el pueblo se fue a comer y a beber, y a obsequiar porciones, y a gozar de grande alegría, porque habían entendido las palabras que les habían enseñado” (Neh. 8:10-12).
Dondequiera que el amor por la palabra de Dios ha sido restaurado, y el arrepentimiento ha llegado y donde ha habido una convicción de pecado, siempre habrá una gran ola de gozo y celebración. Pero hay un tipo de gozo fingido y falsa celebración en la tierra. Actualmente es la celebración de uno mismo y de la idolatría. ¡La danza alrededor del becerro de oro! Necesitamos mucho discernimiento para conocer la diferencia entre el verdadero gozo de arrepentimineto y el falso regocijo de los idólatras.
Moisés y Josué descendieron del monte al clamor del pueblo que gritaba: “No es voz de alaridos de fuertes, ni voz de alaridos de débiles; voz de cantar oigo yo…” (Ex. 32:18). Ellos estaban gritando, cantando y danzando, pero Moisés sabía desde el principio que todo era de la carne. Él sabía que ellos eran un pueblo rebelde y de dura cerviz, lleno de lujuria, fornicación, desnudez y sensualidad. ¡Era el grito de idolatría!
¿Puedes ver la diferencia? Si no existe la predicación de la ley para redargüir de pecado, si no hay llanto o rostros inclinados a tierra, si no hay amor por la palabra reprobatoria de Dios, si no hay arrepentimiento, entonces, ¡no hay grito espiritual, no hay canto santo! ¡Ten mucho ciudado! Tú puedes ser atrapado por el canto de idolatría.
¿Por qué había tan grande regocijo y un espíritu de gozo tan festivo en este avivamiento relatado en Nehemías? Ellos tenían grande alegría. “…porque habían entendido las palabras que les habían enseñado” (Neh. 8:12). En otras palabras ellos discernieron y lo tomaron en serio: ¡ellos obedecieron!


¡LA CUARTA EVIDENCIA DEL AVIVAMIENTO ES UN TABERNACULO EN LA AZOTEA!
“Al día siguiente se reunieron los cabezas de las familias de todo el pueblo, sacerdotes y levitas, a Esdras el escriba, para entender las palabras de la ley.
Y hallaron escrito en la ley que Jehová había mandado por mano de Moisés, que habitasen los hijos de Israel en tabernáculos en la fiesta solemne del mes séptimo; y que hiciesen saber, y pasar pregón por todas sus ciudades y por Jerusalén, diciendo: Salid al monte, y traed ramas de olivo, de olivo silvestre, de arrayán, de palmeras y de todo árbol frondoso, para hacer tabernáculos, como está escrito.
Salió, pues, el pueblo, y trajeron ramas e hicieron tabernáculos, cada uno sobre su terrado, en sus patios, en los patios de la casa de Dios, en la plaza de la puerta de las Aguas, y en la plaza de la puerta de Efraín.
Y toda la congregación que volvió de la cautividad hizo tabernáculos, y en tabernáculos habitó; porque desde los días de Josué hijo de Nun hasta aquel día, no habían hecho así los hijos de Israel. Y hubo alegría muy grande” (Neh. 8:13-17).
La palabra del Señor fue restaurada, y el arrepentimiento y la obediencia eran genuinos. El gozo del Señor se había vuelto su fortaleza, pero algo estaba faltando: ¡Los tabernáculos! ¡No puede haber un avivamiento real y perdurable, ni una llenura de Dios, hasta que edifiquemos un tabernáculo! Este es verdaderamente, un mensaje para estos últimos tiempos.
Los líderes, los sacerdotes y los levitas se reunieron con Esdras para escudriñar las escrituras y ver que quería Dios de ellos. Ellos encontraron algo que el Señor les había mandado años atrás, un mandamiento perpetuo que había sido abandonado desde los días de Josué. Se encontraba en Levítico 23:40-43: “Y tomaréis el primer día ramas con fruto de árbol hermoso, ramas de palmeras, de árboles frondosos, y sauces de los arroyos, y os regocijaréis delante de Jehová vuestro Dios por siete días.
Y le haréis fiesta a Jehová por siete días cada año; será estatuto perpetuo por vuestras generaciones; en el mes séptimo la haréis.
En tabernáculos habitaréis siete días; todo natural de Israel habitará en tabernáculos, para que sepan vuestros descendientes que en tabernáculos hice yo habitar a los hijos de Israel cuando los saqué de la tierra de Egipto. Yo Jehová vuestro Dios”.
Por siete días el pueblo de Dios edificaría un refugio temporal (en hebreo “sukkah”) hecho con un techo de varias ramas. Se les mandó vivir en sus refugios por siete días.
El periódico “New York Times” tenía una sección entera dedicada a la construcción de un sukkah. En la ciudad de Nueva York estos se construyen en diminutos balcones, patios pequeños y azoteas a finales del mes de septiembre y durante la primera semana de octubre. De los seiscientos trece mandamiento judíos éste es todavía, uno de los más importantes. Los judíos ortodoxos lo practican rigurosamente. Vivir en la cabaña aún significa el día de hoy lo siguiente: “solamente vamos pasando por este mundo, solamente pasando la noche, así que no debemos de preocuparnos con sus placeres y vanidades”. El sukkah es tan santo para un judío, ¡que es un pecado tomar siquiera una astilla de éste para usarlo como un palillo! Tan sólo un mal olor lo contaminaría. Se dice: “Si uno no puede guardar el sukkot (la fiesta de los tabernáculos), ¡no puede guardar ninguno de los seiscientos trece mandamientos de la “Torah” (la ley)!
Los líderes en Jerusalén, en el tiempo de Nehemías hicieron una proclamación: “¡Volveremos a celebrar la fiesta del sukkot! salgan a los montes y traigan ramas de olivo, de olivo silvestre, de arrayán y de palmeras y hagan su “sukkah” como está escrito”. Que gozo debe haber llenado el aire: ¡niños y familias cargando ramas para construir sukkahs! Que panorama debió haberse visto desde lo alto: en cada azotea plana una pequeña cabaña; en toda lote vacío o en cada plaza, en el atrio del templo visitantes acampando. ¡Aún Esdras, Nehemías y todos los sacerdotes! Por siete días nadie comía o dormía en su casa; nadie dormía en las posadas. ¡Toda la población vivía en estas cabañas temporales!
Estos no fueron siete días tristes de trabajo arduo, por el contrario, fueron siete días de júbilo y de gran alegría. “… y os regocijaréis delante de Jehová vuestro Dios por siete días” (Lev. 23:40). “Siete días celebrarás fiesta solemne a Jehová tu Dios en el lugar que Jehová escogiere; porque te habrá bendecido Jehová tu Dios en todos tus frutos, y en toda la obra de tus manos y estarás verdaderamente alegre” (Deut. 16:15).
Hoy en día se predica mucho acerca de la fiesta de los tabernáculos, se dice que la Iglesia está entrando en su tiempo de cosecha, “una colecta del maíz y el vino”, un tiempo de bendición y crecimiento; que estamos en un tiempo de gran regocijo y alabanza, un tiempo de gozo glorioso en el Señor. ¡Lo que está faltando a ese mensaje es el sukkah, el mover hacia la cabaña! Toda la alabanza, la adoración, el júbilo y la alegría debería ser bajo el tabernáculo, “en el lugar que el Señor escogiere”.
¿Qué significa todo esto para nosotros el día de hoy? ¿Qué tiene que ver el sukkah con el caminar con Cristo hoy en día?


EL SUKKAH SIGNIFICA QUE SOMOS EXTRANJEROS AQUI, CIUDADANOS DE OTRA CIUDAD.
Los siete días pasados en el terrado, aludían a los setenta años del lapso de vida humana. El sukkah era para recordarles que su vida era temporal. Conforme las hojas se marchitaban, ellos iban a ver el deterioro de su vida, de su salud y de su fortaleza. Dios quería que su corazones y mentes estuvieran puestos en la eternidad. Ellos debían recordarse a sí mismos y a sus hijos: “Solamente estamos acampando aquí. Nos regocijamos no únicamente por todas estas bendiciones pasajeras, sino que también nuestra esperanza y gozo están en la ciudad que desciende del cielo: ¡Sion!”. En los días de Nehemías esto era lo que Dios quería que entendieran: “Han reconstruído los muros, colocado las puertas, establecido los hogares y plantado los jardines y viñedos. El Señor había sido bueno, pero este no es un lugar de reposo. ¡Deben buscar una ciudad de la que el constructor y el hacedor sea Dios!”.
David amaba su ciudad: Sion. Él escribió grandes poemas y cantos acerca de su belleza: “Hermosa provincia, el gozo de toda la tierra, es el monte de Sion… la ciudad del gran Rey” (Sal. 48:2). David se hizo rico y dio carretadas de oro y plata para la construcción del Templo. “Del oro, de la plata, del bronce y del hierro no hay cuenta…” (1 Cron. 22:16). Sin embargo, David hace esta terrible declaración: “…porque forastero soy para ti, y advenedizo como todos mis padres” (Sal. 39:12). Esto fue dicho después de que Israel fue establecido y prosperado. “Advenedizo”, significa residente extranjero, uno que sólo va de paso. La palabra “extranjero” en hebreo proviene de la raíz de la palabra que significa “retraerse con temor, como de un lugar desconocido”. Todos nuestros padres en la fe consideraron este mundo “una tierra extraña”. Ellos eran extranjeros, ciudadanos de otro mundo.
“Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a donde iba. Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa; porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios” (Heb. 11:8-10).
“Conforme a la fe murieron todos éstos sin hager recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan patria; pues si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo de volver. Pero anhelaban una mejor; esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos, porque les ha preparado una ciudad” (Heb. 11:13-16). Ellos desearon “una mejor ciudad, esto es, una celestial…”. Hay una mejor ciudad que Estados Unidos o que cualquiera que sea tu tierra natal. Es la nueva Jerusalén, el cielo con Cristo.


DIOS SABE QUE FACILMENTE NOS CEGAMOS CON SUS BENDICIONES.
¿Por qué pondría Dios a toda la nación en pequeñas chozas por siete días? Porque Él sabe el terrible peligro en el que se encuentran sus hijos cuando son bendecidos. Él sabe que fácilmente nos apartamos y nos olvidamos de Él, volviéndonos ciegos por lo fácil y por lo cómodo. Él conoce que tan dispuestos estamos para consentirnos y ser seducidos por las cosas del mundo.
El cántico de Moisés fue una profecía prediciendo la apostasía esperada en el pueblo de Dios, una vez que hubiesen prosperado. “Pero Jesurún (el pueblo de Dios) engordó, y tiró coces (se volvió incontrolable). Engordaste (te cubriste de grasa); entonces abandonó a Dios que lo hizo, y menospreció la Roca de su salvación” (Deut. 32:15). Este no es un mensaje únicamente para los ricos, sino para todos nosotros. Entre más somos bendecidos, más tendemos a desear, a cavar en este mundo, a acumular, a comprar y a gastar más. ¡Cada cosa que compramos es como otra soga que nos ata a este mundo! El Señor quiere que nuestros corazones estén “en la cabaña”, en el sukkah. Todos los días, y muchas veces día con día, Él quiere que recordemos lo siguiente: “¡Soy un extranjero! ¡Solamente voy de paso! ¡No tengo raíces aquí! ¡Voy a una ciudad mejor! Gracias, Señor por todas tus bendiciones, pero yo me regocijo, porque soy un ciudadano de Sion”.
¡NADA NOS PERTENECE AQUI EN LA TIERRA!
¡Todo lo que Dios nos ha dado es prestado! Solamente somos guardianes. Se ha escrito mucho acerca de la tierra prometida. Dios promete darle a Israel la tierra de Canaán, una tierra que fluye leche y miel, pero Dios nunca les entregó las escrituras, Él solamente se las prestó. “La tierra no se venderá a perpetuidad, porque mía es; pues vosotros extranjeros y forasteros sois para conmigo” (Lev. 25:23). Ellos solamente podían vender los derechos de la cosecha, y aún a los más pobres se les devolvía su tierra en el año del jubileo.
A Dios pertenece todo lo que tenemos. Nosotros continuamos diciendo: “¡Señor, te devuelvo esto!”. Pero en realidad nunca hemos poseído nada. “Porque mía es toda bestia del bosque, y los millares de animales en los collados… Y todo lo que se mueve en los campos me pertenece… Porque mío es el mundo y su plenitud” (Sal. 50:10-12). El Señor nos está diciendo: “Vé al tabernáculo sobre el terrado, ¡examina tu corazón!” ¿Eres un mayordomo fiel de la propiedad del Señor? A la luz de la eternidad, a la luz de la fragilidad de la vida, ¿cuánto gastas en ti mismo, en comparación con qué tanto para Su obra?
El gran resultado del derramamiento del Espíritu Santo es la entrega de todo en el altar de Dios, al mismo tiempo que quitamos nuestros ojos de las cosas que poseemos. En Pentecostés se dijo: “y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo nada de lo que poseía, sino que tenían en común todas las cosas” (Hch. 4:32).


EL TABERNACULO ES UN RECORDATORIO PARA ABSTENERSE DE TODO DESEO CARNAL.
“Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma” (1 Pe. 2:11). Es casi imposible para alguien menor de 50 años de edad pensar en valores eternos, porque ellos asumen que todavía tienen mucho tiempo por delante. ¡Cuando tú llegas a los 60’s o a los 70’s la naturaleza te enseña qué corta es la vida! ¡Es mucho más fácil pensar en ser un extranjero aquí! Pero Dios quiere que todos nos detengamos en la plenitud de la vida, que nos regocijemos y luego pongamos atención y nos preguntemos: ¿valen la pena nuestros apetitos juveniles y carnales a la luz de la eternidad?
Moisés escogió: “ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado” (Heb. 11:25). Así pues, el Señor nos ha enseñado a ir al tabernáculo, considerar lo corta que es la vida, sufrir por un momento, y sufrir por el gozo puesto delante de nosotros (ver Heb. 12:2). “… Porque, ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece” (Stgo. 4:14). ¡Trata de decirle esto a la gente joven!
El tabernáculo es símbolo de apartar lo del mundo de nosotros. ¡Ve hacia allá! ¡Destruye la ambición! ¡Mata el orgullo! Todas las metas equivocadas que han sido puestas por ambición son puertas abiertas a la lujuria y a pecado de todo tipo. La gente dice: “¿De qué sirve?, nunca lo lograré”. ¡Por lo tanto, pecan! Están escuchando a espíritus mentirosos. Reconoce estas voces por lo que son: demoniacas.


LA EVIDENCIA FINAL DE UN AVIVAMIENTO ES LA ABSOLUTA SEPARACION DEL MUNDO.
Sin una vida de arrepentimiento y separación del mundo no puede haber un verdadero avivamiento. “Y ya se había apartado la descendencia de Israel de todos los extranjeros; y estando en pie, confesaron sus pecados, y las iniquidades de sus padres” (Neh. 9:2). En dondequiera que hay restauracíon bíblica, habrá un aumento de la conciencia del llamado del Señor a separarnos de todo lo que es mundano y sensual.
He observado en el transcurso de los años que el cristiano separado, consumido por Cristo, y que vive en santidad es el que más afecta al mundo secular. Los paganos esperan que los cristianos estén separados y limpios. Ellos esperan que sean totalmente “otros”, diferentes a ellos mismos. En las calles de Nueva York, infestadas de crímenes, con espíritus demoniacos en todas partes, solamente un cristiano puro, apartado, lleno de Cristo, puede poner al enemigo a correr. Los tibios tienen miedo y sus propios pecados los condenan.
Dios está levantando un remanente de creyentes que quieran un avivamiento, pero solamente uno que conforme a los creyentes a la imagen de Jesucristo. Y cuando venga en toda su plenitud, la mayoría de los cristianos no lo reconocerán, o si lo hacen, lo rechazarán. El remanente apartado escuchará el sonido de la trompeta y sabrá lo que Dios está diciendo.

lunes, 11 de enero de 2010

Avatar y la Nueva Era, Alberto Gabás Esteban


1. Consideraciones previas

En este breve comentario nos adentraremos en la interpretación de los misterios ocultos y en la iconografía explícita de AVATAR, la película de James Cameron que batió taquillas a finales del año 2009. Sin embargo, esta contribución no será universalmente válida, dado que el paradigma desde el cual desmontamos el argumento y sus intenciones requiere en nuestro lector la concurrencia de, al menos, tres requisitos (además de haber visto la película):

1.Profesar la Fe Cristiana, creyendo que el texto de las Sagradas Escrituras (la Biblia) constituye el mensaje dado por Dios para salvación del hombre.
2.Conocer la existencia, los comienzos y la naturaleza del conflicto cósmico/universal que tiene lugar entre: a) el Reino de Dios, el Cordero y sus Ángeles, y los hijos de Dios (hombres y mujeres nacidos de nuevo por su sola Gracia redentora), y b) el reino de las tinieblas, formado por Satanás y sus principados y potestades de ángeles caídos. Una lucha en la cual el “premio” que está en juego son las almas de los hombres que han de ser salvos por Cristo o ganados por Satanás para la condenación eterna.
3.Comprender la mecánica del sincretismo religioso, su condensación en el núcleo de la filosofía espiritualista de la Nueva Era, y las instituciones terrenales (Vaticano, Naciones Unidas, Hollywood...) consagradas por completo a su más ámplia difusión mediática, filosófica, académica, social y política.

Lo más probable es que quien tenga en su haber estos tres requisitos fundamentales, no necesite en absoluto un documento de esta naturaleza. Una simple aproximación a la película objeto de nuestro estudio será suficiente para sacar sus propias conclusiones. No obstante ello, presentamos este artículo con el deseo de romper con el imperio del engaño universal de la industria cinematográfica norteamericana (que ha invadido el mundo entero con su magia, adivinación, ocultismo, perversión sexual, violencia y satanismo), proclamar que solo existe un único Dios, creador de los cielos y la tierra, manifestado a través de su hijo Jesucristo, y anunciar al mundo que quienes no se acojan a su gracia salvadora ya no tienen más donde acogerse ante el juicio venidero y universal que Dios trae sobre los moradores de la Tierra.


2. Introducción
Recordemos primeramente el relato del Génesis Bíblico (Gen. 3: 1-5) donde encontramos el diálogo entre la serpiente y la mujer:
Génesis 3:1-5

Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales
del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la
mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol
del huerto?

Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los
árboles del huerto podemos comer;
pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo
Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no
muráis.

Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis;
sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán
abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el
bien y el mal.

En este relato debiéramos subrayar dos elementos de suma importancia. El primero de ellos es la sentencia que contradice a Dios: “no moriréis”, la cual ha sido ámpliamente comentada por Walter J. Veith, cuyas reseñas ofrecemos al final de nuestro estudio para el que quiera profundizar sobre el tema. El segundo de ellos es la sentencia: “seréis como Dios...”, argumento archiconocido como el lema básico y explícito de la Nueva Era. Con estas dos simples sentencias tenemos suficiente para construir todo un cuerpo sistémico y compacto de filosofías esotéricas presentes en la espiritualidad ocultista de “Avatar”.

A grandes rasgos, la sentencia “seréis como Dios” se desgrana en una derivación cósmico-divina y evolutiva del hombre que resalta su dignidad, trascendencia y eterna permanencia, en contraste con su verdadera naturaleza: un ser pecador, miserable, lleno de podrida llaga en lo que a su cuerpo mortal se refiere, y necesitado de urgente salvación. Llenar la mente y el corazón del hombre con palabras mentirosas acerca de su “belleza interior”, “poder autogenerado”, “trascendencia y divinidad” no conduce a la Cruz de Cristo. ¡Miserable de mí, pecador! es la condición previa para la salvación de mi alma.
Pero, si soy divino, y no miserable, no necesito de Dios, porque yo mismo soy un dios, y participo de la divinidad cósmica-universal. Esta última doctrina esotérica nos lleva a uno de los núcleos de mayor engaño en los que pueda caer la humanidad: el hombre es uno con el cosmos. Y como tal, se identifica con él: la completud de los seres vivos, e incluso de los seres inanimados, que están dotados de cierta espiritualidad mistica, forman una unidad indivisible en un cosmos que evoluciona hacia la perfección de acuerdo con diversos estadios evolutivos a lo largo de millones y millones de años, sin que exista una terminación o fin concreto, y mucho menos en lo que podamos llamar “juicio de un Dios personal”. El concepto de Dios se transforma y se diluye; ya no hablamos de un Dios identificable y separado de su creación a la que cuida, sino que toda la creación misma, cada ciratura, cada piedra, y cada diminuta mota de polvo, es Dios.

El concepto de evolución cósmica se materializa en las teorías cientifistas de la evolución, no precisamente legado de Darwin, quien solo continuó y sistematizó la semilla plantada por la serpiente en el Eden. La existencia de una “sopa primigenia” de compuestos orgánicos (nitrógeno, carbono, hidrógeno...) que con la radiación ultravioleta y a través de procesos electroquímicos diera lugar a cadenas de aminoácidos; su posterior asimilación a organismos unicelulares que posteriormente devinieran pluricelulares, y conquistaran a lo largo de millones de años otros medios no acuáticos... La evolución de las especies basada en la mutación accidental, originando los mamíferos, y de ahí los seres humanos, todo ello conforma un compendio académico-doctrinal que asegura la inexistencia de Dios tal y como queda reflejado en la Biblia, y por supuesto destruye por completo la necesidad de que el hombre sea formado por un creador. En su lugar, estadios evolutivos diferenciados conformarán las eras del hombre, y no solo del hombre, sino de cuantos seres pueblen el universo, como ocurre en Pandora, escenario de la película Avatar (los “Navi”son indígenas en estado evolutivo, aunque con un sistema avanzado de interconexión, como luego veremos).

Dicho de otro modo, para el pensamiento de la Nueva Era, la interpretación de los comienzos y evolución de los seres vivos en todo el cosmos ya no obedece a las reglas de una dogmática creacionista e infantil (como la que refiere la Biblia). Por el contrario, gobernarán las reglas de la física y la biofísica, la quimica biológica y la inorgánica, la matemática... la ciencia en general; y de ahí la tecnología, aquella que puede salvar a las criaturas de las amenazas y hostilidades de los entornos en los que viven (desastres climáticos, geofísicos, astronómicos, etc).
Todo ello conforma una enaltecida forma de neo-Gnosticismo, que es justo una de las mayores abominaciones del Siglo XX (si bien hunde sus raíces en épocas mucho más tempranas). Por tanto tenemos polarizado el campo de las creencias de los hombres en una doble vertiente: la Gnóstica, materialista, cientifista, darwinista, evolucionista, naturalista y atea, por un lado, y la vertiente filosófico espiritualista, misticista, ocultista, sincretista, cósmico/universal evolucionista, por otra. Y ambas vertientes pertenecen a un mismo padre, Satanás, quien está sumamente ocupado en llenar la mente y los corazones de los hombres con estas cosas para alejarlos lo máximo posible del poder de salvación de Dios a través de Jesucristo.

Siguiendo nuestro argumento inicial, teníamos otra sentencia sumamente perniciosa: “no moriréis”. Es fácil observar que, si la consciencia de los seres requiere un soporte fisico (orgánico para la mayoría), y dicha consciencia “no morirá jamás”, la única derivación posible es la reencarnación.


Es este otro de los núcleos de engaño, superstición y de perdición propagados por la nueva era. La reencarnación es también uno de los mensajes de “Avatar”, como posteriormente veremos. La doctrina reencarnacionista puede llevar por sí sola un gran volumen; hay muchas formas de enfocarla, y distintas creencias acerca de este fenómeno. Pero en su esencia se mantiene... justamente en la sentencia “no moriréis”.

Cuando los hombres acceden de lleno al significado de este pensamiento eternicista, y aún más, cuando lo asimilan como propio y emocionante para sus vidas, perciben efectívamente la absoluta innecesidad de un infierno (menos aún un infierno castigador por los propios pecados), y de un Dios personalizado que conoce cada área de su pensamiento, de su emoción y de su voluntad, y que juzgará sus actos. No existe el Dios de la Biblia; no moriremos. Por el contrario, sentiremos la presencia de la deidad cósmica que se encarga de hacer permanecer nuestra consciencia en un universo idílico/platónico o en otro cuerpo, como quieras. (Ambas formas aparecen reflejadas en Avatar: la una con la científico del programa, que se une a “Eywa” diciendo [“es real, existe de verdad”], y la otra con el protagonista principal, que deja el cuerpo decrépito de la invalidez, para renacer a un avatar corporeizado y perféctamente orgánico).

Lo relatado hasta ahora es una forma de humanismo filantrópico:,... es más, es una especie de antropocentrismo, que quita de Dios toda carga de valor, y la deposita en el hombre, elevando a éste al rango de deidad inmortal, y haciendo de Jesucristo una patraña más, ensombrecido por otros tantos profetas, salvadores y maestros (Buddha, Krishna, Confucio, Zaratustra, Mahoma...). Hecha esta introducción, comenzamos con la película “Avatar”, que es lo que aquí nos ocupa.
3. Orientación “New Age” de la película
1.¿Qué es Pandora y qué relación tiene con Nueva Era?

Pandora es el entorno ecológico natural donde se desarrolla la vida de los Navi, y el espacio central de los acontecimientos de la película. Dicho entorno participa de las características de las poblaciones tribales conocidas, en su mayoría extinguidas, de la Tierra. Pero el entorno está completamente revestido de un aspecto sobrenatural; una esencia luminiscente y espiritualista, mágica, exhuberante y altamente atractiva para la curiosidad humana, que combina el naturalismo místico y sereno con la ferocidad indomesticable de múltiples seres hambrientos y agresivos en una lucha sin fin por la supervivencia. Destaca la fluorescencia natural de diversas plantas, algunas de las cuales se encienden aún más al pisarlas, y de algunas especies de animales. Los argumentos de la película refieren que cada árbol de Pandora tiene una media de 104 (es decir, 10.000) conexiones con los árboles que le rodean. Siendo el número estimado de árboles de Pandora unos 1012 (1.000.000.000.000, es decir, un billón de árboles) resulta que el número de conexiones -solamente entre los árboles de Pandora- supera, según la científico del programa “Avatar” el número de conexiones interneuronales del cerebro humano1 (intrincada red de comunicación del sistema nervioso central referido como base de la consciencia humana en los círculos académicos de la neurobiología, psicología, psiquiatría, etc).

Se trata consecuentemente de una red global que adquiere consciencia y vida propia; una red de interconexiones en la que los Navi pueden cargar y descargar datos y vivencias. En este simple concepto presente en Pandora encontramos ya el principio metafísico y New Age de la unidad cósmica y evolutiva de cada ser con la Madre Naturaleza (en la Tierra se llama Gaia); “ una compleja conexión del pueblo con el bosque; una red de energía que fluye a través de todos los seres vivos” como una unidad. A cada paso que damos en nuestra descripción presentamos un término explotado por la filosofía espiritualista y ocultista de Satanás, como bien habrá captado nuestro lector. Esta espiritualidad cautiva el corazón de las personas, porque en esencia somos espirituales, y las características de Pandora no es que sean un disparate; más bien el Diablo conoció la realidad espiritual hermosa y perfecta creada por Dios, la adulteró y le incorporó deidades, plasmándola por inspiración en las producciones artísticas y literarias de los hombres.

En este flujo de energía de Pandora se interconectan e interaccionan los espíritus de los animales, las plantas, los “espíritus muy puros” (referidos como tales en la película; semillas del árbol sagrado que comunican mensajes de Eywa a los nativos), los Navi, etc. Dicha intercomunicación, juntamente con el “equilibrio natural de la vida” está protegida por su deidad, Eywa, quien es presentada en la película como la Gran Madre, y como la Diosa, formada por todos los seres vivos y todos los conocimientos. Como ya sabemos, no hay concepto más antiteísta (también ateísta, si se quiere) que el panteísmo, concepto que trata de explicar que “todo es Dios”.

Como tal deidad, Eywa decide, naturalmente, sobre la permanencia corporeizada de ciertos seres o su deceso orgánico (capacidad de decisión presentada en la película como el “Ojo de Eywa”). Y por supuesto, como tal deidad, Eywa misma “Proveerá” (clara alusión a “Jehová Yireh”, de la Biblia), frase que expresa la nativa al avatar cuando se encuentran en una situación claramente desamparada.

Es bien cierto que en las sociedades tribales de la Tierra se ha adorado al Sol y a la Luna, se han creado deidades naturales como vemos en Avatar, se han practicado rituales mágicos, la adivinación y la brujería, la hechicería, budú, curanderismo, etc. Uno podría decir: “Avatar es más de lo mismo”. No lo negamos. Y es que el padre de lo uno y de lo otro es el enemigo de nuestras almas. ¿Tomaremos de su brevaje? ¿No lo abominaremos?
1.¿Quiénes son los Navi, y qué relación establecen con su entorno?

Los Navi en particular, y los pobladores de otras regiones de Pandora, en general (también indígenas) son tríbus territoriales con un comportamiento orientado a la supervivencia y a la autoprotección gregaria. Suponemos que, como en la realidad histórica de nuestras selvas terrestres, en Pandora también tendrán importantes diferencias entre sí, aunque presentan tipologías, simbolismos y costumbres reductibles a una serie de principios básicos y comunes entre todas ellas.

Como antes decíamos, los Navi establecen lo que ellos llaman “Vínculo” con los seres del entorno, interconexión que según la científico del programa permite cargar y descargar datos con la fuente madre de vida, e incluso posibilita el control del movimiento de los reptiloides voladores con el solo pensamiento (una forma orgánica de telepatía de contacto). No está de más decir que entre los ingredientes del ocultismo y de algunas filosofías orientales inspiradoras de la Nueva Era se encuentran las prácticas telekinéticas, telepáticas y televidentes. Y precisamente como esto, como una visionaria, se presenta al frente de los Navi su líder y guía espiritual, la “Chamán”, que es quien orienta la conducta de la tribu de acuerdo con los mensajes de su divinidad, y quien, textualmente, “interpreta la voluntad de Eywa”.

Fruto de dicho liderazgo espiritual, el pueblo se une en una de las manifestaciones más oscuras, paganas e idolátricas que haya concebido Hollywood, equiparable a los rituales de la antiguedad sumeria, babilónica, cananita, etc referidos en el Antiguo Testamento. Se presentan ante Eywa, todos unánimes y en contacto físico, para invocar y aclamar el poder de su diosa madre. En una primera ocasión (ante el ataque de las tropas humanas) se unen -según suponemos- para llorar, implorar ayuda y mostrar veneración a Eywa ante toda circunstancia. En otras dos ocasiones, el ritual es más intenso y presenta una intencionalidad muy clara: conservar la vida de una persona a través de una transferencia de las vivencias, recuerdos y personalidad a otro organismo disponible para recibir tales atributos (una modalidad de la satánica doctrina reencarnacionista, desvinculada en este caso de la concepción y del desarrollo del sujeto a reencarnar).

Eywa contesta las oraciones del protagonista y muestra su poder y deidad alineando el comportamiento de las criaturas salvajes de Pandora a la necesidad urgente de defensa frente al ataque del enemigo. En esta emotiva secuencia de la película incluso el mismo espectador, con sus gafas 3D si es el caso, queda alineado emocionalmente con la voluntad de Eywa, alegrándose inefablemente de su poder y deseando que los infames militares (“gente del cielo” les llaman, lo cual puede dar mucho que hablar) perezcan de la forma más dolorosa posible. Avatar sintoniza con la carnalidad del espectador y saca de él su máximo deseo de venganza. Por eso presentan a la máxima autoridad militar con tal despliegue de colonialismo y crueldad hacia un mundo aparentemente tan hermoso y espiritual.

Los Navi son también los “arrendatarios” de un préstamo que algún día hay que devolver -según palabras textuales de la película-. Un nativo ha muerto y se le deposita en un hueco de la tierra. No tendrá que preocuparse; su alma permanece viva en el árbol de las almas, juntamente con los ancestros de Pandora. Suponemos que si su comportamiento ha sido ejemplar y célebre, tal vez pueda seguir manifestándose a los habitantes del lugar en forma de “semilla del árbol sagrado” (espíritus muy puros). Por el contrario, su cuerpo se pudrirá en el suelo y dará vida a millones de ciraturas microscópicas y a los árboles, ingresando nuevamente a la recirculación a través de la unión cósmica de todos los seres y del flujo de energía (de ahí el préstamo) que caracteriza a Pandora. Estos conceptos no son nada nuevos. Las filosofías orientales, las plataformas ecológicas formadas por activistas seculares, diversas religiones esotéricas,... todos ellos alejados por completo de la verdad del Evangelio de Jesucristo y de la Revelación de Dios al hombre, han considerado repetidamente que los humanos somos no los dueños, sino los beneficiarios temporales o arrendatarios de la Madre Naturaleza y de sus frutos y beneficios. Como el lector sabrá, este es uno de los elementos clave de la espiritualidad New Age.







1.A modo de conclusión

La Palabra de Dios nos insta a no participar en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien a reprenderlas. Éste es el ánimo con el que se elabora este pequeño estudio. Hemos dejado atrás, sin abordar, conceptos que también son importantes y dignos de análisis, como la inmoral combinatoria orgánica de ADN entre la especie humana y la indígena para obtener el avatar, o el impulso imperialista de apropiación de los recursos naturales de los pueblos por la vía de la fuerza. Pero nos damos por satisfechos al haber reflexionado superficialmente sobre el carácter esotérico del filme. Sostenemos que el Reino de Dios, y en especial la obra redentora de Jesucristo, están sufriendo un extraordinario y explícito ataque por parte de las potestades malignas que operan con mucha sutileza, de forma que incluso los mismos seguidores de Cristo se regocijan en las manifestaciones de espiritualidad, esoterismo e idolatría que invaden nuestras pantallas. Reconocemos que “entra suave y fácil como el vino”, y que semejantes doctrinas cautivan a millones de personas en un mundo cruel y perverso, donde reina el materialismo, el capitalismo, la globalización, la explotación, la violencia, la extorsión y un largo etcétera de maldades, y donde las almas están sedientas del Espíritu de Dios sin saberlo. A éstas hay que ofrecer el mensaje que los profetas del Antiguo Testamento, Nuestro Señor Jesucristo y sus apóstoles dieron de parte de Dios como parte de la progresiva revelación del plan de salvación.

Notas:
1 Esta argumentación no debe darse por concluída. Se estima que en el cerebro humano adulto hay unas 1014 conexiones sinápticas. En Pandora encontramos alrededor de un billón de árboles (notación europea), y cada uno de ellos tiene, según la película, en torno a 10.000 conexiones con otros.


Documentación recomendada:
Walter J. Veith. Amazing Discoveries (serie vídeo-documental): La agenda de la Nueva Era.
Juan María Argudo (1992): Nueva Era, la conspiración final. Terrassa, CLIE.
Hunt, D. & McMahon, T. A. (1988): Seducción de la Cristiandad. Ed. Portavoz.








■ “Avatar” y la Nueva Era
Por Alberto Gabás Esteban

domingo, 10 de enero de 2010

Martyn Lloyd-Jones


BREVE BIOGRAFIA
Gales es un lugar único en el mundo. Aun siendo parte de Gran Bretaña, los galeses se apresuran a dejar en claro que ellos no son ingleses, y lo enfatizan hablando en su propio idioma en lugar de decirlo en inglés.
Gales tiene una muy especial historia espiritual, pues ha experimentado grandes avivamientos, seguidos muchas veces de profundas depresiones espirituales.
La historia registra algunos galeses notables, como Christmas Evans, Daniel Rowland, William Williams, Howell Harris, Evan Roberts… y David Martyn Lloyd-Jones, nuestro biografiado.
Primeros pasos
David Martyn Lloyd-Jones nació el 20 de diciembre de 1899, cuando concluía el siglo XIX. Dios tenía un plan para este hijo de Henry y Magdalene Lloyd-Jones, para traer de nuevo los fuegos del avivamiento que Evans, Roberts y otros habían experimentado antes. Algunos han dicho que Charles Spurgeon fue el último puritano, pero el tiempo demostraría que deberían haber esperado oír al «Doctor» antes de hacer tal afirmación.
La vida del joven Martyn fue bastante tranquila hasta enero de 1910, cuando tenía 11 años. Hasta entonces su padre había sido un hombre de negocios bastante exitoso en su ciudad natal de Llangeitho. Pero aquel año ocurrió algo que cambiaría muchas cosas.
En la oscuridad de la noche estalló un fuego que casi costó las vidas de Martyn y sus hermanos, que dormían en la planta superior. Aunque la familia fue salvada, la mayor parte de los bienes familiares se perdieron. Henry nunca se recuperó totalmente del revés financiero. Casi por accidente, Martyn averiguó poco después cuán desesperada se había vuelto verdaderamente su situación.
Durante sus primeros años de escuela, él llevó esta carga en su corazón. Como resultado, se volvió muy serio para su edad, y muy decidido en tener éxito en su educación y en su vida. «Fue como si él se apartaba mucho de lo que es común a la juventud, y esto le hizo decir alguna vez: ‘Yo nunca tuve una adolescencia’», afirma Ian Murray. Aunque cálido de corazón, Lloyd-Jones siempre llevaría con él una reputación de austeridad y severidad.
Lloyd-Jones fue criado en el metodismo calvinista galés. El término «metodismo calvinista» puede parecer contradictorio, porque los metodistas son arminianos – que enfatizan el libre albedrío del hombre – y los calvinistas dan énfasis en la soberanía de Dios respecto a la salvación. De alguna manera, el metodismo calvinista de Gales buscó lo mejor de ambas posturas.
Entre 1914 y 1916, Lloyd-Jones fue a una escuela primaria de Londres, y luego estudió medicina. Hizo su práctica en el prestigioso Hospital de St. Bartholomew, y fue brillantemente exitoso. Aprobó sus exámenes tan tempranamente que tuvo que esperar para graduarse.
En 1921 comenzó a trabajar como asistente principal de Sir Thomas Horder, uno de los mejores médicos de esos días.
A la edad de 26 años, Martyn obtuvo su diploma de miembro del Colegio Médico y tenía una carrera brillante y lucrativa delante de él. Sin embargo, Dios tenía planes para que fuese médico de almas en lugar de cuerpos.
Conversión y llamamiento al ministerio
Poco a poco, a través de la lectura, su mente fue atraída por el evangelio de Cristo. No tuvo ninguna crisis dramática de conversión, pero llegó a un punto en que se comprometió completamente con el evangelio.
Después de eso, cuando se sentaba en el consultorio, escuchando los síntomas de sus pacientes, comprendió que aquello que muchos de ellos necesitaban no era la medicina ordinaria, sino el evangelio que él había descubierto para sí mismo. Él podría ocuparse de los síntomas, pero la preocupación, la tensión, las obsesiones, sólo podrían ser tratadas por el poder de la conversión. Él sentía cada vez más que la mejor forma de usar su vida y talentos era predicando ese evangelio.
Martyn se involucró rápidamente en la iglesia de la Capilla de Charing Cross. Entre otras cosas, allí conoció a Bethan Philips. Bethan asistía allí con sus padres y dos hermanos. Su padre era un oftalmólogo muy conocido y Bethan estaba a punto de recibirse como médico en el University College Hospital.
Tras varios años de noviazgo, Martyn y Bethan se casaron, en 1927. Después de su luna de miel en Torquay, se instalaron en su primer hogar, una pequeña casa parroquial de la iglesia de Sansfield, en Aberavon, Gales, decididos a servir en aquello a que se sentían llamados.
El sorprendente movimiento del joven especialista y su esposa no podía dejar de atraer la atención, y la prensa vino hasta ellos. La señora Lloyd-Jones respondió a un periodista en la puerta de su casa con la frase: ‘Sin comentarios’ y al día siguiente quedó horrorizada al leer el titular: ‘«Mi marido es un hombre maravilloso», dice la señora Lloyd-Jones’. De este matrimonio nacieron dos hijas, Elizabeth y Ana.
Los médicos locales no estaban muy contentos con el recién llegado. Pensaban que él había venido para mostrar su superioridad y arrebatarles a sus pacientes.
Contra lo esperado, Martyn no pudo abandonar completamente su carrera médica. En la Gales del sur, su brillante habilidad de diagnóstico escaseaba. Después de unos años durante los cuales fue deliberadamente ignorado por los médicos locales, fue llamado para un caso difícil. Él supo exactamente la naturaleza de la oscura enfermedad de la que el paciente aparentemente se recuperaría, y luego moriría. Su pronóstico se confirmó exactamente, y el médico general dijo: ‘Debo arrodillarme para pedir su perdón por lo que yo he dicho sobre usted’. Después de eso fue difícil controlar las llamadas médicas.
Un escritor describió así el barrio de Sansfield: «Contiene por lo menos a 5.000 hombres, mujeres y niños que viven en la mayor parte en la sordidez y el hacinamiento». O como alguien dijo, era un lugar para «el jugador, la prostituta y el publicano».
Lloyd-Jones no era un ministro recién salido de una universidad teológica liberal, que acomodara su mensaje a la opinión contemporánea y a los prejuicios de su congregación. Las palabras de su primer sermón inspiradas a partir de 2ª Timoteo 1:7 ilustran cuáles eran sus convicciones: «Nuestras ... iglesias están atestadas con personas casi todas las cuales toman la Cena de Señor sin dudar un momento, pero... ¿imagina usted por un instante que todas esas personas creen que Cristo murió por ellos? Bien, entonces, dirá usted, ¿por qué son miembros de la iglesia, por qué ellos fingen creer? La respuesta es que ellos tienen miedo de ser honestos consigo mismos... Yo me sentiré mucho más avergonzado por toda la eternidad por las ocasiones en las que dije que yo creía en Cristo cuando en realidad no era así...».
Eso fue demasiado para algunos, que abandonaron la congregación. Pero en su lugar –lentamente al principio– fue creciendo el número de los que eran cautivados por la verdad, la clase obrera de Gales del Sur. El mensaje los trajo, y el poder del Espíritu Santo los convirtió. No había súplicas dramáticas, sólo un ministro joven con el mensaje claro de la justicia de Dios y su amor, que trajeron a un caso duro tras otro al arrepentimiento y la conversión.
La iglesia creció con la constante corriente de conversiones. Notorios bebedores se hicieron cristianos gloriosos, y obreros y mujeres vinieron a las clases de Biblia que él y su esposa dirigían.
Para aquellos que están habituados a la predicación bíblica puede ser difícil entender la conmoción que causaba este joven predicador. Primero, él no estaba entrenado teológicamente (al menos no de las formas reconocidas). En lugar de predicar de un leccionario o alguna otra forma pre-elaborada, Lloyd-Jones era ante todo un predicador de la Biblia. Desde el principio, él buscó dar una comprensión verso por verso de la Palabra de Dios. Quizás esto reflejaba su propia vida personal que incluía leer la Biblia completa cada año. Basta leer los mensajes suyos sobre Romanos o sobre Efesios para entender cuán profundo era su afecto por la Palabra y su obediencia a la misma.
Tampoco cabe duda de que su lectura de los Puritanos tuvo también una profunda influencia sobre él. Los Puritanos a menudo han sido caricaturizados, pero Lloyd-Jones los leyó realmente. Leyó todo el Directorio Cristiano de Richard Baxter y los muchos volúmenes de John Owen. Desde su punto de vista, los Puritanos diferían de otras corrientes organizadas en varias puntos importantes.
Primero, acentuaban la naturaleza espiritual del culto por sobre las formas y rituales externos. Segundo, enfatizaban el cuerpo reunido de Cristo por sobre el individuo, haciendo así la disciplina de la iglesia necesaria y saludable para la causa de Cristo. Finalmente, creían en la aplicación directa de la Palabra para el alma de cada persona. El espíritu del Puritanismo, creía Lloyd-Jones, podía ser trazado de William Tyndale a John Owen y a Charles Spurgeon. Era este espíritu de la centralidad de la Palabra de Dios el que conducía al nuevo predicador en el país de Gales.
A medida que sus predicaciones eran conocidas, la presencia de Lloyd-Jones fue más y más solicitada. Muchos otros predicadores comenzaron a encontrar en él un modelo de lo que debía ser el ministerio del púlpito. Fue a predicar a Canadá y América y a menudo era invitado para hablar ante varias asambleas en Gran Bretaña.
Fue en la noche fría y brumosa del 28 de noviembre de 1935 que Lloyd-Jones predicó a una asamblea en el Albert Hall, en Londres. Durante su mensaje, «el Doctor» explicó los problemas bíblicos que él veía en muchas de las más usadas formas de evangelización y crecimiento de la iglesia. Dijo: «¿Pueden muchos de los métodos de evangelismo que se introdujeron hace unos cuarenta o cincuenta años realmente justificarse por la Palabra de Dios? Cuando leo sobre la obra de los grandes evangelistas en la Biblia, veo que ellos no estaban primeramente preocupados por los resultados; ellos se ocupaban en proclamar la palabra de verdad. Ellos dejaron el crecimiento a Él. Ellos estaban interesados sobre todo en que las personas fuesen puestas cara a cara con la propia verdad».
Llegada a Westminster
Uno de los oyentes aquella noche era un anciano de 72 años, G. Campbell Morgan, pastor de la Capilla de Westminster, quizá el predicador con más renombre de la época. Se dice que el anciano pastor le dijo a Lloyd-Jones: «¡Nadie sino usted podría haberme sacado en semejante noche!». Después de oír a Lloyd-Jones, Campbell Morgan quiso tenerlo como su colega y sucesor en 1938. Pero no era tan fácil, porque él manejaba otras opciones tan atractivas como aquella. Al final, prevaleció el llamado de la Capilla de Westminster, y la familia Lloyd-Jones con sus hijas, Elizabeth y Ana, se estableció definitivamente en Londres en abril de 1939.
La asociación de Morgan y Lloyd-Jones fue un digno ejemplo de cómo los cristianos pueden trabajar juntos, aun cuando difieran en aspectos secundarios. G. Campbell Morgan era un arminiano, y su exposición de la Biblia, aunque famosa, no se ocupó de las grandes doctrinas de la Reforma. Martyn Lloyd-Jones, en cambio, estaba en la tradición de Spurgeon, Whitefield, los Puritanos y los Reformadores. Pero ambos hombres respetaron cada uno las posiciones y talentos del otro, y su asociación, hasta que Campbell Morgan murió, fue pacífica y fomentó mucho la obra de Cristo en Londres.
Cuando las nubes de tormenta de la Segunda Guerra Mundial ya amenazaban, Lloyd-Jones asumió el pastorado pleno de la Capilla de Westminster.
Durante los años de guerra, los habitantes de Londres soportaron por meses las interminables incursiones nocturnas de los bombarderos alemanes. A causa de que la Capilla de Westminster estaba situada muy próxima al Palacio de Buckingham y otros edificios importantes del gobierno, estaba en peligro constante de ser destruida. La congregación estuvo en un estado constante de crisis financiera y emocional. Sin embargo, los servicios siguieron casi con normalidad. En 1944, una bomba voladora explotó en la Capilla de los Guardias, a unos pocos metros de allí, cubriendo al predicador y la congregación de polvillo blanco. Un miembro de la congregación abrió sus ojos después del estampido, vio a todos cubiertos en blanco ¡y creyó que debía estar en el cielo!
Westminster también estaba acercándose rápidamente a su propia crisis interior. Algunos de la «vieja guardia» no querían mucho al joven calvinista que había compartido el púlpito con su venerado Dr. Morgan. Es un testimonio del poder de la Palabra de Dios y del espíritu humilde de Lloyd-Jones que la iglesia no sólo sobrevivió, sino que finalmente prosperó. Después de la guerra, la congregación creció rápidamente. En 1947 los balcones fueron abiertos y de 1948 hasta 1968 cuando él se retiró, había un promedio de unos 1.500 asistentes los domingos en la mañana y 2.000 en la noche.
A principios de 1953, el estudio de la Biblia de los viernes por la noche empezó en la Capilla principal. Fue allí cuando Lloyd-Jones inició su monumental discurso sobre el libro de Romanos. Así como la obra de Martín Lutero sobre Romanos y Gálatas influyó en los Puritanos posteriormente, este gran trabajo sobre Romanos ha influido en la actual generación de creyentes. Así como él empezó, él continuaría, ministrando a su gente con la Palabra de Dios en lugar de su propia personalidad.
En su enfoque al trabajo del púlpito, Lloyd-Jones trabajaba firmemente a través de un libro de la Biblia, tomando un versículo o parte de un versículo a la vez, mostrando lo que enseñaba, cómo eso se ajustaba a la enseñanza sobre el asunto en otra parte de la Biblia, cómo la enseñanza entera era pertinente a los problemas de nuestro propio día y cómo la posición cristiana contrastaba con las ideas actualmente en boga.
Él se ponía a sí mismo en un segundo plano, e intentaba mostrar a su congregación la mente y la Palabra de Dios, permitiendo que el mensaje de la Biblia hablara por sí mismo. Sus predicaciones explicativas apuntaron a permitir a Dios hablar tan directamente como era posible al hombre en el banco con el pleno peso de la autoridad divina.
Otras actividades
A pesar de las dificultades de la guerra, Lloyd-Jones estuvo comprometido en la fundación de tres instituciones importantes. La primera fue la creación de una Biblioteca Evangélica de grandes obras cristianas, que pronto superó los 20.000 volúmenes. Así una nueva generación de creyentes se acercó a los escritos de Bunyan, Baxter, Owens y otros.
La segunda institución que Lloyd-Jones ayudó a crear fue la Confraternidad de Westminster. El libro Los Puritanos, es una recopilación de los mensajes anuales de Lloyd-Jones a dicha agrupación.
Y lo tercero, fue el apoyo a la Confraternidad Inter-universitaria (IVF), bajo cuyo alero se realizó cada mes de diciembre la Conferencia Puritana. Había un fuerte sentimiento por la necesidad de regresar a los fundamentos teológicos de la tradición protestante, al período cuando cien años después de la Reforma, sus implicaciones teológicas habían funcionado. Se leyeron y se discutieron documentos y Lloyd-Jones dirigió las reuniones con habilidad y autoridad.
La casa editorial Banner of Truth y la revista Evangelical Magazine nacieron, con la ayuda y estímulo de Martyn Lloyd-Jones, que también apoyó poderosamente el trabajo de la Biblioteca Evangélica. A nivel pastoral, él condujo reuniones fraternales mensuales de ministros desde principios de los 40’s, donde los pastores discutían todos los problemas que enfrentaban dentro de la iglesia y en su entorno. Aquí su siempre vasta experiencia, su profunda sabiduría y su sentido común ayudaron a muchos ministros jóvenes con dificultades aparentemente únicas e insolubles.
En el verano de 1947 el doctor hizo otra visita a los Estados Unidos y fue recibido calurosamente. A pedido de Carl F. H. Henry, él habló en la Universidad de Wheaton. Se publicaron los cinco mensajes que él dio. En ellos Lloyd-Jones compartió su idea acerca del tipo de predicación que el mundo realmente necesita.
Controversias
Un carácter fuerte y un liderazgo fuerte no pueden evitar la controversia. Creyendo, como él hizo, en el poder del Espíritu Santo para convencer y convertir, él se opuso profundamente a la tradición con la que había crecido desde Moody de reuniones multitudinarias con música suave y apelaciones emocionales para la conversión. También se opuso a las uniones arbitrarias entre denominaciones basadas en el pragmatismo en lugar de la doctrina. Nada causaría más problemas a Lloyd-Jones que su firme creencia en la necesidad de una adhesión a ciertas doctrinas fundamentales.
A finales de la Guerra, mientras muchos se reunían para oír al doctor, otros líderes religiosos estaban empezando a ignorarlo. Cuando en 1946 una publicación reunió los nombres de los «Gigantes del Púlpito», incluyendo hombres como Weatherhead, el nombre de Martyn Lloyd-Jones fue ignorado.
A principios de los años 1950’s, mucho había cambiado en el paisaje espiritual de Inglaterra. En 1952, Arturo W. Pink murió en relativa oscuridad en una isla de Escocia. En ese momento pocos habrían adivinado que sus escritos serían un día publicados y leídos por creyentes en todo mundo.
Alrededor de 1959, Lloyd-Jones observó que había un resurgimiento del interés en las doctrinas de la gracia y las enseñanzas de los puritanos en la iglesia. Sin embargo, aquéllos en los cuales se producía este regreso no eran de su propia generación. El interés real estaba entre los ministros y creyentes más jóvenes. Esta nueva generación de líderes del púlpito vio las inmutables verdades de la palabra de Dios en una forma que no lo hizo su generación anterior. Algunos acusaron a Lloyd-Jones de ignorancia teológica en el mejor de los casos, y en el peor, de arrogancia espiritual. La verdad es que él reprendía a menudo a sus jóvenes aprendices por transformar la discusión sobre Calvinismo y Arminianismo en un punto de controversia. De hecho, él expresaba públicamente su creencia de que A. W. Pink debió haber tenido un espíritu más a largo plazo y conciliatorio en su esfuerzo para volver a las personas a la verdad.
La controversia más seria vino en sus relaciones con la Iglesia de Inglaterra. Martyn Lloyd-Jones era un firme creyente en la unidad evangélica. Él no creía que las barreras sectarias debían separar a aquéllos que tenían una verdadera fe en común. Pero cuando el movimiento ecuménico liberal hizo más y más concesiones a las corrientes de opinión mundana, él apoyó el éxodo desde aquellas denominaciones.
Una de las grandes pasiones de Martyn Lloyd-Jones era el retorno a la combinación de la doctrina de los Calvinistas y el entusiasmo de los Metodistas. En los años 60’s, él estaba ansioso porque el énfasis en la sana doctrina recientemente recuperado no se convirtiese en una árida dureza del doctrinal. Para neutralizar este peligro, él empezó a dar énfasis a la importancia de la experiencia. Él habló mucho de la necesidad del conocimiento experimental del Espíritu Santo, de la convicción plena por el Espíritu, y de la verdad que Dios trata inmediatamente y directamente con sus hijos – a menudo ilustrando estas cosas con la historia de la iglesia.
Al contrario de gran parte de la enseñanza que se levantaría durante la Renovación Carismática de los 60’s, Lloyd-Jones enfatizó varios rasgos del verdadero avivamiento. Primero, él proclamó que Dios es soberano y no hay, por tanto, ninguna fórmula para el avivamiento. Dios se mueve de formas diferentes en tiempos diferentes. En segundo lugar, insistió en que la iglesia necesitaba el avivamiento, no para que más personas entraran en la iglesia, sino para que Dios fuese devuelto a Su lugar justo en las vidas y pensamientos de la gente.
Tal como en el problema de unidad de la iglesia, sus ideas sobre lo que ahora se conoce como ‘psicología cristiana’ probaron ser profundas y proféticas. Él no estaba en absoluto impresionado con el matrimonio entre la predicación bíblica y la psicología secular.
Hay una colección de sermones sobre el asunto en «Depresión Espiritual: Causas y Curas», publicada por primera vez en 1965. La obra apunta a la suficiencia de Cristo en la vida del creyente y concluye con estas palabras: «Yo hago lo máximo que puedo, pero Él controla el suministro y el poder, Él lo infunde. Él es el médico celestial y Él conoce cada variación en mi condición. Él ve mi complexión. Él siente mi pulso. Él conoce... todo. ‘Así es’, dice Pablo, ‘y por consiguiente todo lo puedo a través de Aquel que constantemente me está infundiendo fuerza’… Él nos conoce mejor de lo que nosotros mismos nos conocemos, y según nuestra necesidad, así será nuestro suministro».
A principios de los 60’s, el doctor inició una serie de mensajes sobre el evangelio de Juan. Su intención en ellos no fue una exposición verso por verso como era habitual, sino una búsqueda del significado esencial de la certeza y la llenura del Espíritu Santo.
A principios de 1968, en su 68° año, Lloyd-Jones tuvo una operación importante y, aunque se recuperó por completo, decidió que después de 30 años en Westminster había llegado el tiempo de retirarse como ministro.
Su ministerio había sido muy bendecido por Dios. Había habido un arroyo constante de conversiones, muchas notables y, sobre todo, a una amplia variedad de personas de toda condición social se le había enseñado la anchura y la profundidad de la doctrina cristiana. En la Capilla había soldados de los cercanos cuarteles de Wellington Barracks, trabajadores de los hoteles y restaurantes del oeste, enfermeras de los grandes hospitales, actores y actrices de teatros del oeste-extremo, sirvientes civiles menores y mayores de Whitehall, y desempleados crónicos provenientes del hostal del Ejército de Salvación.
La Capilla siempre estaba llena de estudiantes, especialmente extranjeros, entre los que estaba el ahora Presidente Moi de Kenya. La Iglesia china asistía en la mañana y muchos Hermanos de Plymouth por la tarde. Cuando los Hermanos Exclusivos se dividieron, muchos de los que vivían en Londres vinieron a la Capilla de Westminster. Y había, por supuesto, muchos profesionales, maestros, abogados, contadores y quizás más de algunos de aquéllos que tenían alguna deficiencia mental.
Gente de todo tipo y condición venía a verlo después en la sacristía, donde él pasaría horas pacientemente escuchando y sabiamente aconsejando. Uno de ellos ha escrito: ‘Yo tengo un recuerdo encantador de ir a él en una necesidad personal profunda, todavía muy asustado de su manera pública formidable. Su apacibilidad y atractiva bondad, unidas a un consejo simple y recto, ganaron mi corazón. Su cerebro y brillantez como predicador le hacen digno de respeto y admiración; ese otro lado más manso, que conocí en privado, hace a uno amarle’.
En 1977 él habló sobre la diferencia en el método de Pablo de ayudar a los cristianos y aquello que se estaba popularizando con el nombre de consejería. Su convicción era de que mucho de lo que pasa como psicológico era realmente espiritual. Lloyd-Jones vio el púlpito como el enfoque de verdadero ‘Cristian counselling’. Eso no significa que él estuviera desinteresado de su gente y de sus problemas. Nada podía estar más lejos de aquello. Él ocupaba muchas horas en el consejo personal y la dirección bíblica.
Actividades finales
En los 12 años posteriores a su jubilación él continuó con la Conferencia de Westminster y dedicó mucho tiempo a dar consejo a otros ministros, contestar cartas y hablar eternamente por teléfono. Libre de la rígida rutina de los domingos en Westminster, él pudo entonces dedicarse a los compromisos externos que él había tomado como ministro, sobre todo ocupando los fines de semana en causas pequeñas y remotas que él amaba animar. Él viajó de nuevo a Europa y los Estados Unidos, pero rehusó nuevas y reiteradas invitaciones a otros países.
Lloyd-Jones tenía un hogar muy feliz que estaba abierto cada Navidad a los miembros de la iglesia que no tenían otro sitio adonde ir. En su jubilación él solía incitar a sus nietos mayores con algún argumento. Ellos eran como cachorros jóvenes yendo por un león viejo, atreviéndose donde nadie más se atrevería, vueltos atrás por un gruñido, pero volviendo a saltar en seguida.
En 1979, la enfermedad regresó, y tuvo que cancelar todos sus compromisos. Él aún anhelaba predicar de nuevo. Él había visto a muchos hombres seguir después de que ellos debían haber parado. En la primavera de 1980 pudo empezar de nuevo, pero una visita al Hospital en mayo reveló que su enfermedad exigía un tratamiento más severo que le impediría predicar. Entre las agotadoras sesiones en el hospital, que él enfrentó con valor y dignidad, continuó trabajando en sus manuscritos y dando consejo a ministros, pero en Navidad él estaba demasiado débil para esto. Al final, sin embargo, pudo pasarse tiempo con su biógrafo (su ayudante anterior, Ian Murray).
Hacia fines de febrero de 1981, con gran paz y confiada esperanza, él creyó que su obra terrenal estaba hecha. Dijo a su familia inmediata: ‘No oren por sanidad, no traten de retenerme de la gloria’.
El 1 de marzo, el Día del Señor, él pasó a la gloria de la cual tan a menudo había predicado, para encontrarse con el Salvador al cual había proclamado tan fielmente.